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Bueno, bueno, bueno, aquí está, el primer y probablemente último libro de este servidor. La historia completa del Dr.Vilhelm Aalto-Sjöström. Humor y absurdos llevados al extremo en el mundo de la salud y la medicina. ¿Me ayudan a promocionarlo?
amzn.eu/d/7RHK5ee
Doctor Vader retweeted
Fantástico hilo, extensible a todas las situaciones en las que se confunde voluntad de hacer un buen trabajo con explotación. En sanidad, el último perjudicado es un paciente
Hola niñes, hoy os voy a hablar de la LA ROMANTISACIÓN DE LA VOCASIÓN:
Locución místico-laboral de naturaleza feudal. Del latín "vocatio", que significa "llamada", y del castellano gerencial contemporáneo "te vas a dejar los putos cuernos trabajando por encima de tus posibilidades, pero encima me vas a dar las gracias, que para eso has elegido esta profesión".
Dentro hilo:
Hola niñes, hoy os voy a hablar de la LA ROMANTISACIÓN DE LA VOCASIÓN:
Locución místico-laboral de naturaleza feudal. Del latín "vocatio", que significa "llamada", y del castellano gerencial contemporáneo "te vas a dejar los putos cuernos trabajando por encima de tus posibilidades, pero encima me vas a dar las gracias, que para eso has elegido esta profesión".
Dentro hilo:
EL GRAN MILAGRO DE LA VOCASIÓN: CONVERTIR EL ABUSO EN VIRTUD
Pero el verdadero prodigio de esta construcción ideológica no es económico.
Es psicológico.
Consiste en conseguir que una persona se sienta culpable por exigir condiciones dignas para ejercer una profesión que ama.
Si quieres descansar, te falta vocasión.
Si quieres cobrar dignamente, te falta vocasión.
Si pides refuerzos, te falta vocasión.
Si denuncias una sobrecarga, te falta vocasión.
Si reclamas conciliación familiar, te falta vocasión.
Si estás hasta los mismísimos cojones de que tu compromiso profesional sea utilizado como combustible gratuito para mantener en marcha una organización deficientemente planificada, es que, por lo visto, HAS PERDIDO LA ESENCIA ESPIRITUAL DE TU PROFESIÓN Y NECESITAS UN CURSO DE RESILIENCIA IMPARTIDO POR UN COACH CON DIENTES DE PORCELANA Y UN MÁSTER EN FELICIDAD ORGANIZACIONAL.
La vocasión deja entonces de ser una virtud personal para convertirse en una herramienta de chantaje emocional.
La vocasión se convierte entonces en esa masilla místico-gerencial de propiedades casi sobrenaturales que sirve lo mismo para tapar las grietas estructurales de un sistema que se cae a pedazos que para alicatar con una sonrisa las deficiencias de plantilla, enfoscar la precariedad y enlucir con purpurina una puta mierda pinchada en un palo de proporciones faraónicas. Pero su verdadero potencial aparece cuando se inyecta directamente en la vena de un gerente con delirios de grandeza: entonces el muy hijo de puta experimenta un éxtasis psicodélico-administrativo y se siente como Bastian surcando los cielos de Fantasía a lomos de Fújur, mientras contempla desde las alturas a una legión de profesionales con las lumbares pulverizadas, las ojeras como higos chumbos y veinticuatro horas de trabajo a las espaldas. De fondo suena Bastian’s Happy Flight, el himno oficial del gerente humanisador, que sobrevuela el sufrimiento ajeno con una erección de liderazgo transformacional más dura que pisar una pieza de lego, convencido de que los trabajadores no están siendo explotados, sino viviendo una maravillosa experiencia de crecimiento espiritual. Porque en el maravilloso reino de las Nesesidades del Servisio, la vocasión es el cemento, el trabajador es el andamio, el gerente es el puto emperador de Fantasía y la Historia Interminable consiste en encadenar guardias hasta que te salga musgo en los cojones.
El gerente te mira como un inofensivo gatito mientras sufre un delirio megalómano-erótico: "Vas a sufrir más que Frodo en una joyería , con las lumbares hechas puré, las ojeras de un mapache terminal y el alma más vapuleada que una muñeca hinchable en la cárcel. Pero no te quejes, hijo de put@, que el sufrimiento vocasional es el alimento de las almas puras, y mientras tú te nutres espiritualmente de una put@ mierda pinchada en un palo, el gerente se alimenta de wagyu, se masturba con los indicadores de productividad y alcanza el nirvana administrativo contemplando cómo tu sacrificio se convierte, por arte de magia, en un mérito suyo. Porque la vocasión alimenta el alma, sí, pero curiosamente siempre es el trabajador quien pone el culo y el gerente quien se lleva el solomillo.
La vocasión acaba siendo una especie de crucifijo administrativo que se coloca sobre la mesa cada vez que alguien exige sus derechos.
Y lo más hermoso del asunto es que la vocasión siempre se exige en sentido descendente.
Nunca escuchamos al gerente proclamar:
"Mi vocación de servicio público es tan gigantesca que renuncio voluntariamente a mis incentivos de productividad para contratar más personal".
¡Qué va!
Eso sería confundir vocación con un trastorno grave de la ambición.
La vocasión es para los que están debajo.
Para quienes atienden, enseñan, curan, cuidan y trabajan.
Los de arriba tienen liderazgo, visión estratégica, indicadores, objetivos y complementos retributivos.
Los de abajo tienen vocasión. Los de arriba tienen nómina con extras.
Y todos tan contentos.
CONCLUSIÓN: LA VOCASIÓN NO ES UN PUTO CONVENIO COLECTIVO
La romantisación de la vocasión es, en definitiva, una puta mierda pinchada en un palo más grande que el columpio de Heidi, una catedral gótica del chantaje emocional, un monumento faraónico al aprovechamiento del compromiso ajeno y una Viagra administrativa que permite a determinados gerentes experimentar orgasmos organizativos mientras otros pagan la factura con su salud, su tiempo y su vida familiar.
Porque tener vocasión significa amar una profesión, no aceptar que te expriman como una naranja hasta dejarte más seco que la mojama de Tutankamón.
Significa querer hacer bien tu trabajo, no estar obligado a hacerlo a costa de tu salud.
Significa compromiso con las personas a las que atiendes, no obediencia incondicional al primer Napoleón de despacho que aparece agitando un organigrama como si fueran las Tablas de la Ley.
La vocasión es un valor profesional, no una moneda, no un salario, no un complemento de productividad y mucho menos una autorización para convertir a seres humanos en material fungible.
Y si algún gerente vuelve a invocarla desde su sillón ergonómico de mil euros, con la solemnidad de un pontífice anunciando la segunda venida de Cristo, quizá habría que responderle:
"Excelentísimo señor marqués de las Nesesidades del Servisio: yo tengo vocasión, mucha vocasión. Pero también tengo una hipoteca, una familia, un aparato locomotor, dos riñones, un hígado y un sistema nervioso que no pienso inmolar en el altar de su put@ Excelencia Gerencial. Así que, si necesita usted más trabajo, contrate más trabajadores. Y si pretende pagarme con vocasión, haga el favor de llevarla al supermercado, comprar con ella dos kilos de papas, una docena de huevos y una cebolla, y prepararse una tortilla. Si consigue que el cajero se la acepte como medio de pago, prometo estudiar su modelo económico. Y si no, puede usted coger la vocasión, envolverla cuidadosamente en su PowerPoint de humanisasión y archivarla en el departamento de Mis Santos Cojones, sección de Fantasías Místico-Gerenciales".
PORQUE AMAR TU TRABAJO NO SIGNIFICA QUE TENGAS QUE DEJAR QUE TU TRABAJO SE FOLLE TU VIDA.
Y eso, aunque no salga en ningún PowerPoint, debería entenderlo hasta el gerente más iluminado del reino.
¿Sabéis lo de la romantización de la vocasión como excusa para esclavizar profesionales y someterlos a unas condiciones de trabajo paupérrimas no? ¿Lo sabéis? En breve lo explicaré más detalladamente.
Buenos días niñes, soy un urgenciólogo cabrón.
Principio de la Astrología Contractual: las sustituciones solo se autorizan cuando Saturno entra en la casa de Presupuestos y la Luna forma trígono con Intervención. Si coincide con vacaciones, se interpreta como una señal divina para fomentar la resiliencia.
Que la Fuerza os acompañe.


















