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ALT La relación de Francia con América Latina y el Caribe, al igual que ocurre con otros Estados europeos, tiene raíces históricas profundas, sustentadas en vínculos diplomáticos, culturales, científicos y económicos. Sin embargo, después de la Guerra Fría, América Latina y el Caribe perdieron centralidad en la política exterior francesa frente a otras prioridades, como Europa, África, el Mediterráneo y, más recientemente, el Indo-Pacífico. Pese a esta pérdida de centralidad, la presencia francesa en Latinoamérica se mantuvo, pero adquirió un carácter fragmentado: relaciones bilaterales diferenciadas, cooperación para el desarrollo, diplomacia cultural, acción mediante la Unión Europea (UE) y gestión de los territorios franceses de América y del Caribe (Guadalupe es un departamento y región de ultramar; Martinica y la Guayana Francesa son colectividades territoriales únicas; y San Martín y San Bartolomé son colectividades de ultramar regidas por el artículo 74 de la Constitución francesa

ALT When Russia invaded Ukraine in February 2022, Europe responded quickly. It condemned Moscow, imposed sweeping sanctions, and began sending arms to Kyiv. Brazil went only halfway. A democracy and in many ways a Western-facing country, it condemned the invasion at the United Nations but refused to join the sanctions or send weapons. Four years later, it still refuses. What stands out is that this position survived a complete change of government. The war has spanned two presidents at opposite ends of the political spectrum, Jair Bolsonaro on the far right and Luiz Inácio Lula da Silva on the left, yet both held the same line. So why did two governments that agree on almost nothing end up with the same policy on the war? The answer lies in the economic dependencies and diplomatic traditions that shape Brazilian foreign policy.

ALT Durante los últimos años, el regionalismo fue perdiendo su brillo. Sucesivas crisis alimentaron diagnósticos sobre su estancamiento e incluso sobre su irrelevancia. Las opciones unilaterales de política exterior e inserción internacional parecían seducir más que las regiones. Sin embargo, la fragmentación geoeconómica está alterando el escenario internacional y, con ello, el lugar que ocupa el regionalismo en la gobernanza global. La competencia estratégica entre Estados Unidos y China, la pandemia, la guerra en Ucrania, las disrupciones en las cadenas de suministro y la creciente utilización de instrumentos económicos con metas geopolíticas han modificado las prioridades de los gobiernos. La eficiencia económica ya no constituye el único criterio para organizar las relaciones económicas internacionales y el riesgo ocupa un lugar creciente. En respuesta, conceptos como resiliencia, autonomía estratégica, reducción de dependencias y seguridad económica resultan cada vez más importante
















