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Joined May 2009
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UNA SOLICITUD SORPRENDENTE E INEXPLICABLE ——-__________ Hoy en el consejo de seguridad de Naciones Unidas, el canciller colombiano solicitó las prorroga de la comisión de verificación de los acuerdos de paz para colombia, pero solicitando que se excluyera de su mandato la verificación del cumplimiento de los acuerdos sobre desarrollo rural ( punto 1 de los acuerdos de 2016). Solicitud sorprendente e inexplicable: los acuerdos sobre desarrollo rural no son en beneficio de las FARC sino de las gentes de la ruralidad colombiana ; hacen parte del bloque de constitucionalidad de nuestro país;y son, también probablemente lo más importantes de los acuerdos de paz de 2016 Esta petición de nuestra cancillería denota, por lo tanto, una displicencia inexplicable del actual gobierno sobre el desarrollo de la ruralidad ( que requiere una visión independiente como La del comité de supervisión de la ONU) para auditar su implementación,sino que constituye la más importante de las funciones encomendadas al comité del consejo de seguridad de las Naciones Unidas al proceso de paz de Colombia. La lenta y deficiente implementación de los acuerdos de paz que trae el desarrollo rural requiere, para su corrección, de una voz independiente que les haga un seguimiento. Esa voz es, entre otras, la del comité de seguimiento del consejo de seguridad de la ONU. Una verdadera lástima lo que ha sucedido hoy en NY.
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Discursos como este de @sanchezcastejon y otros de @MarkJCarney hacen sentirse orgulloso de que se estén llamando a las cosas por su nombre en momentos tan oscuros e inciertos para la humanidad. No coincido en todo lo que hace o dice Sánchez, pero sí firmaría palabra por palabra este discurso. Se trata de humanidad y de la humanidad, de los poderes salvajes de los que habla Ferrajoli o de la democracia, el estado de derecho y los derechos humanos. Hay que decidir de qué lado estamos.
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Para quienes lo dudan o se lo preguntan, voy a explicar por qué el abogado de mafiosos es un corroncho: Primero debo aclarar que, como costeño de nacimiento, hijo de padres costeños, nieto de abuelos costeños, TODOS Y POR LOS DOS LADOS y bisnieto de abuelos costeños, toditos, sin ninguna excepción, puedo decir con autoridad: El abogado de mafiosos es corroncho por lo siguiente: 1. no es “corroncho” por ser caribeño. Eso sería regionalismo barato. Lo es, en el sentido costeño de la palabra, porque confunde elegancia con ostentación, autoridad con arrogancia y carácter con estridencia. 2. En el Caribe, el corroncho no es simplemente el costeño: es el que necesita exhibir plata, poder, apellido y contactos para demostrar que “llegó”. En buen costeñol: un espantajopo. 3. Abelardo convirtió su apellido en marca, personaje, vestuario, licor, música y espectáculo. No vende solo ideas: vende permanentemente la grandeza de Abelardo. Mucha sofisticación anunciada suele revelar poca elegancia real, su falta de medias, con pantalón de tela, es quizá lo más superfluo de este punto. 4. La elegancia auténtica es sobria. No necesita gritar. Cuando alguien debe rodearse de pañuelos, vinos, trajes, apodos y poses para parecer distinguido, el resultado puede ser lujoso, pero sigue siendo corroncho. 5. También está la contradicción entre apariencia y modales: se puede vestir de seda y hablar de alta cultura, pero si el discurso público vive de la bravata, la descalificación y la intimidación, el refinamiento es solo escenografía. Por eso Abelardo representa al corroncho sofisticado: lujo sin medida, ego convertido en espectáculo y una necesidad permanente de demostrar poder. Mucho decorado, mucho rugido y muy poca sobriedad. Al final, Abelardo no proyecta grandeza: la sobreactúa. Se disfraza de elegancia, se rodea de símbolos de poder y convierte cada aparición en un monumento a sí mismo. Pero tanto lujo exhibido no alcanza a ocultar lo esencial: detrás del pañuelo, el rugido y la pose, solo queda un ego ruidoso intentando parecer estadista.
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Mientras veía estas fotos de la nueva sede presidencial en el Batallón Paraíso, en Barranquilla, pensaba mucho en un libro que estudié y debatí en clase con mis estudiantes, cuando era profesor de cátedra de geografía humana en la Universidad del Rosario. Era una lectura importante, La condición de la posmodernidad, de David Harvey. Frente a esas fotos pensé y pensé, hasta que entendí algo que Harvey ya había explicado. La arquitectura posmoderna abandona el proyecto social y se vuelca en la fachada y el espectáculo. Es justo lo que pasa en el Batallón. La pintura fresca y el estucado veloz simulan un palacio dentro de una fortaleza blindada, y la Presidencia deja de ser una institución democrática para volverse pura utilería, un accesorio en el teatro del ego. Detrás de ese teatro, lo grave es lo democrático. Una república viva exige un poder expuesto, en la plaza pública, no replegado tras una muralla militar. Lo que venden como descentralización termina encerrando el poder, no acercándolo. Todo para cumplir el capricho del presidente electo de atrincherarse en una guarnición militar.
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No he visto a Rodrigo Lara que la pérdida del partido contra Suiza es producto de la patria milagro, como cuando dijo la selección ganó en dieciséis a la de final
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No y no, las niñas y los niños no nacen con deudas, nacen con derechos, y esa es la primera confusión que hay que desmontar de esa frase del futuro ministro de Hacienda. Además hay un punto de fondo que es constitucional. El artículo primero define a Colombia como un Estado social de derecho, y es el Estado el que existe para garantizarle condiciones dignas al ciudadano, no al revés. Decir que un niño nace debiendo plata invierte esa fórmula y deja al Estado como espectador de su propia obligación. Un niño o una niña no es un cliente del Estado colombiano, son ciudadanos con derechos, y esa distinción es política, porque cliente es quien paga por un servicio y cambia de proveedor si no le gusta, mientras que ciudadano pertenece a una comunidad que le reconoce derechos y le exige deberes. Mis deudas son con agentes privados, con el banco que me prestó para la casa o para lo que sea, deudas que firmé yo y que respondo yo. La deuda pública es otra cosa, porque el Estado la sostiene al ser una entidad que no muere y que refinancia a treinta o cuarenta años, mientras un recién nacido apenas empieza, sin cédula ni ninguna relación jurídica con alguna deuda, es más ni siquiera ha alcanzado la ciudadanía en el sentido estricto que exige la propia Constitución.
“Un niño en Colombia hoy nace con una deuda de $20 millones”: minhacienda de De La Espriella sobre gasto público y endeudamiento del país #LoMásBlu #MañanasBlu
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#ElCalentao 🍲 El exmagistrado Iván González Amado analiza la situación de la doble nacionalidad del presidente electo y como resulta incompatible materialmente para el desarrollo de sus funciones como jefe del Estado.
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#nomeunoalamanada porque sigo creyendo que la democracia es diferente a emitir declaraciones en su defensa con un fondo filosófico de dictadura
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#nomeunoamanada porque las manadas son las presas de los tigres, no sus compañeros. Ser de la manada es ofrecerse como carne de cañón a alguien que se siente emperador, no un gobernante demócrata
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Cuando tiene razón, tiene razón! Vergonzoso el maltrato a Iran 🇮🇷. “Esta es una Copa del Mundo desastrosa. Como jugadores profesionales no podemos jugar una competición en estas condiciones, no está bien ni es justo.”, Taremi, capitán 🇮🇷
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La Selección de Irán fue obligada a volverse a México después del partido contra Egipto. No los dejaron quedarse en Estados Unidos. Este es el momento en el que llegaron a Tijuana a las 4:00 am. Absolutamente vergonzoso.
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Es cuando menos desafortunado ligar el bien partido con el inicio de la patria milagro; bien podría ser, también, un buen cierre del gobierno. Deje de ganar indulgencias con avemarías ajenas
Colombia dominó el partido, un equipo ordenado y preciso, seguro de su juego y con actitud ofensiva. Aún cuando nos quitaron un gol injustamente, Colombia, contra los pronósticos iniciales, pasó primero de su grupo Empieza la PATRIA MILAGRO 🇨🇴 #MiSeleccion
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Me recuerda una frase famosa: “pues ya sabes que yo como digo una cosa, digo otra”.
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Las faltas gravísimas, en la ley disciplinaria, están taxativamente definidas en la ley. ¿Cuál es la falta que se le endilga al Presidente?
#LOÚLTIMO | La Comisión Legal de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes acaba de suspender provisionalmente al presidente Petro hasta el próximo 21 de junio a las 4:00 p.m. Siga la señal de Noticias Caracol en vivo 👉 tinyurl.com/s6zy9jj2
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Imbécil es alguien falto de inteligencia. La incoherencia es un signo de ello. ¿Cuál es la coherencia de sus propuestas? Despedir a casi un millón de empleados y ampararlos con una indemnización. ¿Con qué dinero lo hará?
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La otra mitad de Colombia Por: @ramondelosrios Cuando la política se llena de palabras como mafioso, bandido, corrupto o criminal, se nos olvida algo elemental: debajo de cada etiqueta o señalamiento hay millones de personas con dolores, miedos, historias y razones. Nos acostumbramos tanto al insulto que dejamos de preguntarnos qué hay detrás de cada voto, qué sufrimiento lo explica, qué temor lo sostiene o qué esperanza lo empuja. El escenario actual en Colombia nos lleva a la confrontación sin matiz. A la incapacidad de reconocer errores propios y al señalamiento del otro, e incluso, la negación de su posibilidad, como instrumento argumentativo. Dicho de otra manera, la política sin matices convierte al contradictor en enemigo y al votante del otro lado en alguien que no merece existir dentro del país. La política actual es el escenario de autodestrucción de Colombia, porque la condición mínima para construir nación es poder entender al otro, sin restricción. Y eso surge del matiz, de poder estar preocupado por la seguridad del país y no sentirme convencido por los procesos de paz del actual Gobierno, pero también alarmarme ante un discurso que empodera a las Fuerzas Militares sin responsabilidad, sin memoria y sin reconocer que en Colombia hubo crímenes de Estado. Los falsos positivos existieron y no pueden repetirse. También de la posibilidad de entender que muchas minorías han ganado derechos y se han sentido protegidas o visibles durante este Gobierno, pero eso no me obliga a quedarme callado ante ciertos cuestionamientos sobre el manejo de recursos públicos, las formas opacas de actuar o la necesidad de exigir responsabilidad a quienes hoy gobiernan. Reconocer derechos no puede significar renunciar a exigir responsabilidad. Esa posibilidad se pierde cuando los extremos nos dicen “o eres de aquí o de allá” y nos obligan a aceptarlo todo y defenderlo a “muerte”, sin capacidad de cuestionar, sin visión autocrítica y sin espacio para la duda. Algo como un todo vale, o la tan manoseada frase atribuida a Maquiavelo: “el fin justifica los medios”. Estar de un lado implica defenderlo todo, incluso lo indefendible. En esa defensa acérrima e incondicional, sin darnos cuenta, llegamos a la negación del otro y convertimos al candidato contrario en enemigo. Olvidamos que hay millones de colombianos, para ser precisos de 9 a 10 millones de colombianos, que están ahí, sintiéndose representados por ese al que descalificamos. Esos 10 millones no viven en otro país. Se sientan al lado nuestro en el bus, caminan las mismas montañas, hacen mercado en los mismos barrios, trabajan en las mismas oficinas y también tienen miedo de perder lo poco o mucho que han construido. En la mitad aparece una nueva minoría: quienes no se sienten representados por la obligación de odiar para poder criticar al otro. Los que intentan decir “esto está bien, pero esto no”; “entiendo este miedo, pero no comparto esta salida”; “reconozco este avance, pero no acepto esta forma”. En medio de este escenario indeseable, se nos olvida que abrazar a 10 millones distintos a uno no significa votar como ellos ni pensar como ellos. Significa reconocer que ninguna nación se construye desde el deseo de expulsar a la mitad de su gente. Tal vez por eso llevamos tantos años con los mismos problemas y sin ninguna solución. Porque antes que entendernos, preferimos juzgar, señalar, recriminar y nunca, pero nunca, asumir nuestra responsabilidad. La verdadera revolución, en este país cansado de odiarse, tal vez sea aceptar que la otra mitad también es Colombia.
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¿Será presidente o dictador?
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