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Medellín, Colombia
Joined November 2019
Se les está desinflando la burbuja. Contrario a despertar la solidaridad de los locales, muchos están felices de que los especuladores paguen las consecuencias de espantar a la gente con precios ridículos.
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Samuel Machado Roldán retweeted
«La izquierda brasileña tardó años en entender: no se puede ganar una pelea en internet con maneras de profesor universitario. Durante demasiado tiempo, el Partido de los Trabajadores reaccionó a la guerra sucia como si estuviera redactando una tesis». jotdown.es/2026/10/anatomia-…
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Samuel Machado Roldán retweeted
La izquierda que sí remonta Por: @juancarbolivar Lula da Silva e Iván Cepeda llegaron a la segunda vuelta desde el mismo lugar: la derrota. Flávio Bolsonaro aventajó a Lula por 2,2 millones de votos; Abelardo de la Espriella superó a Cepeda por casi tres puntos. Veinte días después, el brasileño había dado vuelta al marcador, mientras el colombiano volvió a perder. La diferencia estuvo menos en la ideología que en la capacidad de reconocer una mala campaña. Lula entendió la primera vuelta como una emergencia. Reorganizó su equipo, abandonó los mensajes abstractos sobre soberanía y minerales críticos, salió a buscar jóvenes y mujeres, concentró esfuerzos en Minas Gerais y puso la mira en los 33 millones de abstencionistas. Además, regresó a los debates después de haberlos evitado y llenó las calles de militantes. El viejo animal político olió el peligro y se movió. Cepeda reaccionó de otra manera. Su campaña había comprado su propia propaganda: creyó que el “fervor popular” podía darle incluso una victoria en primera vuelta y llegó al balotaje sin una estrategia para ampliar la coalición. Cuando descubrió que necesitaba al centro, no supo qué ofrecerle. Hubo mensajes contra el fascismo, invitaciones solemnes a “tomar posición” e intermediarios que tantearon adhesiones, pero faltaron acuerdos concretos y una agenda capaz de responder a las preocupaciones de las clases medias urbanas. Ahí está la primera lección incómoda: al votante que no pertenece a la izquierda no se le seduce ordenándole que demuestre sus credenciales democráticas. Lula buscó convencerlo mientras que Cepeda pareció examinarlo. El brasileño, además, convirtió la elección en una decisión material. Su gobierno aumentó en 15% los pagos de Bolsa Família, que llegan a cerca de 50 millones de personas, y promovió la reducción de la semana laboral de seis a cinco días. La utilización de la caja estatal en plena campaña admite reparos serios, pero resultó políticamente eficaz: Lula no se limitó a advertir que Bolsonaro era peligroso, también recordó qué podía perder cada familia si regresaba esa dinastía al poder. Cepeda apostó casi todo al espanto que producía De la Espriella. Denunció sus presuntos vínculos con la parapolítica y presentó la elección como una frontera entre democracia y autoritarismo. El problema fue que su adversario hablaba de inseguridad, riqueza y orden, asuntos que ya estaban inquietando a los votantes, mientras la campaña del Pacto apenas terminó de estructurar un programa detallado diez días antes del balotaje. A esa torpeza se sumó @petrogustavo. Cuando Cepeda necesitaba adquirir identidad propia, el presidente ocupó el escenario con denuncias de fraude y ambigüedades sobre una constituyente. Cepeda tardó en reconocer los resultados de la primera vuelta y tampoco marcó una distancia necesaria frente a su jefe político. Terminó cargando con el desgaste del Gobierno sin poder exhibir plenamente sus logros y defendiendo una continuidad que nunca explicó cómo sería distinta. @LulaOficial también era el poder, pero consiguió presentarse otra vez como el dique frente a una amenaza. Cepeda, en cambio, apareció como el heredero encubridor de un mal gobierno que pretendía continuar y, simultáneamente, como el candidato que pedía ser juzgado con independencia de ese gobierno. Evidentemente, la contradicción nunca se resolvió. La remontada brasileña tuvo, por supuesto, ingredientes poco edificantes: subsidios oportunamente aumentados, miedo dosificado y toda la fuerza de la Presidencia puesta al servicio de la reelección. Aun así, hubo lectura del momento, flexibilidad y operación territorial. En Colombia sobró superioridad moral y faltó oficio. Lula perdió la primera vuelta y decidió cambiar la campaña. Cepeda la perdió y su entorno prefirió explicar por qué los electores se habían equivocado. Uno salió a buscar los votos que le faltaban; el otro esperó que el miedo a su rival se los llevara hasta la puerta. Lula hizo campaña, y mientras Cepeda esperaba un milagro, efectivamente le llegó “la patria milagro”. Entre las muchas lecciones de esta elección hay una particularmente incómoda para Colombia. La izquierda brasileña sabe hablarles a las clases medias y al empresariado porque tiene un proyecto productivo y un legado que defender. La colombiana, en cambio, carece de una idea económica reconocible, estigmatiza al sector privado y convierte sus contradicciones en excusas. La izquierda de papel vs la izquierda que gobierna más allá del discurso.
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Samuel Machado Roldán retweeted
Congratulations to my friend @LulaOficial on his electoral victory. Democracy and multilateralism have won in Brazil. Europe’s partnership with Brazil is thriving. We will remain by your side for the years to come. Together we will keep working closely for free and open trade. A rules-based global order. And strong ambitions for our climate.
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De una lado me dicen mamerto y de otro me dicen nazi. Que buen indicador de estar del del lado correcto.
Hijueputas tibionazis sacando reditos politicos. Si ustedes vivieran en Brasil serian la misma mierda apestosa que son aqui. Habrian votado por bolsonaro o en Blanco.
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Samuel Machado Roldán retweeted
Congratulations, President @LulaOficial, on your re-election in Brazil. The relationship between Canada and Brazil has flourished under our partnership. Let’s seize this opportunity to make it even stronger, together — to create major new trade opportunities, protect the environment, and build greater prosperity for both our peoples.
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Hoy en @noaptoco
Destino Colombia, treinta años después Por: @MachadoRold Un médico aprende pronto que el diagnóstico tardío suele ser un diagnóstico inútil. El paciente llega cuando la enfermedad ya avanzó, y uno se pregunta por qué no vino antes, cuando los síntomas eran leves y el remedio barato. Los países se parecen a los pacientes en eso. Aguantan. Esperan a que el dolor no los deje dormir para pedir ayuda. Colombia hizo una vez algo distinto. En 1997, la Fundación Buen Gobierno juntó en un mismo salón a gente que en ese entonces no se saludaba en la calle. Había políticos y empresarios, sindicalistas y académicos, y también voceros de los grupos armados, algunos de ellos sin poder estar presentes en la sala. A eso lo llamaron Destino Colombia. Lo condujo Adam Kahane, un canadiense que venía de Sudáfrica, donde había ayudado a que blancos y negros, todavía con la desconfianza a flor de piel, imaginaran juntos el país que seguiría al apartheid. El método era sencillo, y por eso mismo exigente. Nadie tenía que renunciar a sus convicciones ni firmar nada. Se trataba de mirar hacia adelante con honestidad y describir a dónde llevaba cada camino. De esas conversaciones salieron cuatro escenarios con nombre de refrán: “Amanecerá y veremos”, “Más vale pájaro en mano”, “Por la razón o la fuerza” y “La unión hace la fuerza”. El primero pintaba un país que se dejaba arrastrar por la inercia. El último, uno capaz de ponerse de acuerdo en lo elemental, que es respetar la vida del otro. En 2027 se cumplen treinta años de aquel ejercicio. Vale la pena preguntarse cuál de los cuatro escenarios terminamos habitando. Sospecho que un poco de todos, y demasiado del primero. Hagamos la historia clínica de esta década, que se nos va en un suspiro. Llegó una pandemia que desnudó la fragilidad de nuestro sistema de salud y la de millones de hogares que viven del día a día. Nos tocó recibir a la mayor parte de un éxodo venezolano sin precedentes en la historia reciente del hemisferio, y lo hicimos con más generosidad que recursos. Perdimos el grado de inversión, que es la manera técnica de decir que el mundo dejó de confiar en nuestra palabra. El populismo, de un lado y del otro, encontró terreno fértil en el cansancio de la gente. Y el conflicto armado, que algunos creyeron en vías de curación, volvió a supurar en regiones que el Estado sigue sin conocer. No sé bien a dónde vamos. Nadie lo sabe. Pero sí sé que a este ritmo y con este rumbo difícilmente esta será una década ganada. Ya no lo fue. Lo que todavía está en nuestras manos es que la siguiente no sea otra década perdida. La violencia, lo he creído siempre, se comporta como una epidemia. Se contagia, se reproduce en condiciones de pobreza y de ignorancia, y cede ante las mismas medidas que curan cualquier mal colectivo: información, prevención, trato digno. Destino Colombia fue, en su momento, un ejercicio de medicina preventiva. Se reunió a los enfermos y a los sanos, a los que causaban el daño y a los que lo padecían, para que juntos describieran el curso probable de la dolencia. Esa conversación no resolvió el conflicto. Tampoco pretendía hacerlo. Dejó algo más modesto y más duradero, la prueba de que era posible hablar. Hoy esa prueba hace falta. Vivimos encerrados en nuestras certezas, cada quien en su trinchera digital, convencidos de que el adversario es un enemigo y de que escucharlo equivale a rendirse. Así no se cura nada. Por eso quiero proponer una nueva versión de Destino Colombia. No tengo la fundación ni el facilitador sudafricano. Tengo esta columna y la disposición a tocar puertas. En los próximos envíos voy a buscar a gente que piensa distinto de mí, y distinto entre sí, para hacerles la misma pregunta que se hicieron hace treinta años: qué país nos espera si seguimos así, y cuál podría esperarnos si cambiamos.
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Lo de Lula y Boric es para referenciar y también para reconocer que nos tocó una de las izquierdas más brutas y delincuentes del continente.
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Samuel Machado Roldán retweeted
Congratulations to Lula on his extraordinary reelection victory in the Brazilian presidential election. Lula has stood up for Brazilian workers & democracy — and will continue to do so in the next four years.
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Demoradito el reconocimiento del resultado.
🚨 "Un país puede tener todas las riquezas del mundo, como las tienen Colombia y Brasil. Pero si no tenemos seguridad, no tenemos nada": presidente Abelardo De La Espriella en entrevista con Flávio Bolsonaro, candidato a la presidencia de Brasil. Abordaron los principales desafíos de seguridad en la región y la necesidad de articular una estrategia contra las drogas entre ambos países. eltiempo.com/politica/abelar…
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Samuel Machado Roldán retweeted
¡Que viva la democracia!
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La pelea es por la clase media.
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La "nueva derecha" tiene la misma arrogancia moral del "wokismo". Ambos igual de fastidiosos. Pierden el sentido práctico y el sentido común por enfrascarse en "batallas culturales". Ambos se olvidan de principios básicos que le han hecho bien a la especie humana: Libertad, Solidaridad, Diversidad, Eficiencia. Dos caras de la misma moneda.
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Que tome nota la izquierda colombiana, tan torpe, tan sorda, tan ensimismada. Llegaron al poder no para transformar la vida de la gente, sino para enriquecerse. Lula les ha enseñado que es camellando, sin satanizar el petróleo y la inversión.
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Samuel Machado Roldán retweeted
Y Brasil se le paró al EEUU de Trump, a esa ola de derecha desquiciada y religiosa que quiere imponer a las patadas un modelo donde solo cabe y existe una forma de gobierno.
Ojalá América Latina pueda conservar un equilibrio entre las fuerzas de derecha y de izquierda. Por eso celebraría un triunfo de Lula en Brasil. Un continente entero no puede responder a una sola ideología. Sería muy perjudicial. Difícil que no gane Bolsonaro, pero milagros hay.
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La democracia ha triunfado sobre el fascismo. Exige grandeza y un manejo inteligente de la victoria. Si no se hace bien y no se atienden los dramas humanos de la pobreza y la falta de oportunidades, el populismo seguirá creciendo. Felicidades a Brasil. Bora @LulaOficial.
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Ganó @LulaOficial según los modelos matemáticos y Brasil le pone freno a la ola de ultraderecha en América Latina. Con sus errores, su triunfo es una buena noticia para la democracia en la región, que hoy tiene un respiro. El 3 de noviembre le toca a Estados Unidos.
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Suscribo el comentario de Andrés.
La izquierda tiene hombres honorables, demócratas y responsables. Pocos, pero los tiene. En Colombia terminaron escogiendo al mayor lunático, putero y drogadicto de todos. Si no vuelven al poder, agradézcanle a Mr. Foucault
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