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Muy de derechas. Más concretamente, paleolibertario. A veces me paso por @vloonk a soltar mis reflexiones (mientras me dejen).

Joined July 2020
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Dado que está teniendo buena acogida, os comparto de nuevo mi artículo sobre por qué voy a votar a Vox, por si a alguien le interesa y aún no lo ha leído.
POR QUÉ VOY A VOTAR A VOX: DEL PURISMO LIBERTARIO AL PRAGMATISMO Quienes me leen saben bien en qué coordenadas me muevo: soy liberal-libertario. A saber, anarcocapitalista en lo filosófico y minarquista en lo político. Y saben también que he sido siempre muy crítico con Vox, hasta el punto de tildarlos en alguna ocasión de socialistas de derechas. Pero hoy escribo para proponer algo que nos cuesta a los liberales-libertarios: un ejercicio de pragmatismo. La otra opción natural para alguien de mis convicciones, el Partido Libertario, ha sido siempre invotable. No hay mucho más que añadir; quien conozca su trayectoria sabrá que no exagero. Y siendo eso así, el liberal que dispersa su voto en el vacío no está preservando su pureza intelectual: está, con su escrúpulo, allanando el camino a quienes no tienen ninguno. Empecemos por lo que Vox propone —al menos en el plano discursivo— y que debería ser, en rigor, música para cualquier liberal no dogmático: reducción drástica de impuestos, adelgazamiento de la burocracia, recorte del gasto público y una reforma de las pensiones necesaria. Tienen además un muy buen programa de vivienda y, lo que quizás es más llamativo, algo que en la política española escasea de manera alarmante: gente, y encima joven, con sustancia intelectual, en un mundillo donde la mediocridad es, tristemente, la norma. Carlos Hernández Quero y José María Figaredo son dos perfiles que merecen atención; el primero, en particular, es un intelectual como pocas veces hemos visto en este país ejercer la política. Luego está la cuestión migratoria, que es donde más incomodidad genera este partido en los círculos liberales más doctrinarios. Vox habla sin ambages de los peligros de la inmigración masiva. Y tienen razón en hacerlo. Muchos liberales-libertarios menos dogmáticos, como es mi caso, compartimos esa preocupación. Está más que demostrado que la inmigración masiva presiona a la baja los sueldos en ciertos sectores, erosiona la cohesión social y colapsa unos servicios que hoy gestiona el Estado, como la sanidad y la educación, que ya están al límite. Y en materia de vivienda, el argumento es demoledor: es matemáticamente imposible resolver el problema si cada año incorporas 600 000 nuevos demandantes al mercado. Construyas lo que construyas, no llegas. Los liberales siempre estamos con que si Mercosur, con que si el giro estatalista, buscándole defectos a todo lo que se aproxima a nuestro espacio. Y lo curioso es que yo, que he seguido a Vox mucho, he visto que en lo sustancial defienden las mismas cosas de siempre. Pero el liberal tiende a la insatisfacción permanente. Los izquierdistas, aunque muchos no comulgarán del todo con el PSOE y conocen de sobra la corrupción del partido, tragan con ello sin pestañear. Nosotros, en cambio, seguimos esperando al candidato platónico mientras el país agoniza. Y así no hay manera. Los derechistas de verdad debemos unirnos para sacar a Pedro Sánchez y obligar al PP a que pacte con Vox: es lo único que merece la pena. No podemos seguir atrapados en la misma rueda: el PSOE se carga el país, el PP recoge los escombros sin atreverse a tocar nada y el PSOE regresa con renovadas ganas de quemarlo todo. Llevamos décadas así. Perpetuar ese ciclo es, sencillamente, una irresponsabilidad. Cargarse el establishment requiere valor y requiere aguantar mucho, más de lo que la mayoría imagina. Lo demuestra el grandísimo Javier Milei en Argentina, que tiene que sostener una resistencia formidable contra todo y contra todos. Vox no es Milei, y sería un error confundirlos. Pero es el único partido grande que apunta en esa dirección. Así que, con plena conciencia de las distancias que me separan de algunos de sus planteamientos y sin ninguna intención de convertirme en propagandista de nadie, daré mi voto a Vox. Porque lo suficientemente bueno aplicado con convicción vale infinitamente más que lo perfecto que nunca llega. La opinión de Manuel Rodríguez (@Rodriguez8Manu).
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Recuperemos la normalidad para todos. Los espacios públicos son de todos. 🗣️ @guidoprincesa
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Se puede decir más alto, pero no más claro; nuestro sentido común expresado de manera natural por @guidoprincesa 💪🏻🇪🇸
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La inmigración masiva y la sustitución demográfica nos preocupan a todos. Estando en campaña, creo que lo que debemos hacer es callarnos, dejarles hacer, no asustar al personal, votar y animar a votar. Y apretar, como siempre hemos hecho, a partir del 30N. Pero no antes.
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La "obsesión" con las pensiones está más que justificada. Gastamos más en pensiones que en sanidad y educación juntas. ¿Es esto algo racional?
“Es evidente que hay que llevar a cabo una reforma drástica del sistema de pensiones” Figaredo, diputado y candidato de VOX. ¿Por qué esta obsesión con las pensiones?
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La propiedad privada es un derecho natural. Me da exactamente igual que la Constitución la reconozca o no. Y si algún día dejara de hacerlo y turbas de izquierdistas y extranjeras desarraigadas pretendieran vulnerarla, habría que defenderla por todos los medios.
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🇪🇸 Este 29N necesitamos ser los ojos en todos los colegios electorales. Álvaro Díaz-Mella pide tu colaboración. ¡No hace falta estar afiliado! 🤝 Súmate como apoderado: 👉 apoderados.voxespana.es
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Ese gráfico está tan mal hecho como tus conocimientos económicos. Se divide el gasto público en educación superior entre su número de estudiantes totales (incluyendo los estudiantes de la privada que han aumentado mucho durante la última década). Si calculas el gasto público en educación superior pública entre su número de estudiantes (no incluyes los que van a la privada), el resultado es estabilidad entre 2016 y 2023 (no hay datos más actualizados). Y, aparte, las protestas se iniciaron en los institutos por la situación de los institutos. Así que la evolución del gasto universitario ni siquiera es la métrica que buscas.
Esto no puede ser porque a mí me dijo @juanrallo que durante el mandato de Macron no se hicieron recortes. Será que las protestas se deben al aburrimiento.
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Tax the rich suena bien sobre el papel. El problema es que la historia nos enseña que: 1- Los ricos se pueden escapar: emigrando, consiguiendo excepciones o con ingeniería financiera. 2- Los impuestos que empiezan solo para los muy ricos los terminamos pagando el resto. El IRPF en EEUU y UK se diseñó para afectar a una minoría (y temporal) y acabó siendo de masas (y permanente). Los impuestos, tarde o temprano, los termina pagando la clase media.
ÚLTIMA HORA | Colau propone el impuesto “tax the rich” para gravar a patrimonios de más de un millón de euros eldiario.es/politica/colau-p…
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El PSOE llegó para luchar contra la corrupción y lo único que ha hecho es multiplicarla.
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Por si a alguien le interesa, en este artículo reflexioné sobre la propiedad privada desde una cosmovisión conservadora. Creo que quedó bastante bien. 👇🏻 teapaw.org/vloonk/status/21173007…
Esto es. En Galicia casi todo el mundo tiene algo, porque es una comunidad bastante envejecida. Y esa realidad contribuye a que exista una mentalidad conservadora muy arraigada, por mucho que algunos quieran hacer creer lo contrario.
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🎶Qué pasará qué misterio habrá puede ser mi gran noche... 🎶
Siempre me decían que no er el momento . Pues se equivocaban si lo es y lo voy a aprovechar . Por mi y por vosotros vota pedro Sánchez
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Esto no es aceptable. Es un reemplazo étnico. Y como tal hay que revertirlo.
La sustitución del pueblo español estos últimos años ha sido criminal.
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Trump y Rubio hicieron lo que había que hacer al atacar Irán.
¿POR QUÉ FALLA LA «OLD RIGHT» AL ANALIZAR IRÁN? La guerra de Irán es un asunto que suscita un intenso debate y admite muchos enfoques. Por mi parte, quiero centrarme en el que más me interesa políticamente y que forma parte de la tradición de la «old right»: el de que no conviene intervenir en guerras de otros países. El aislacionismo (entendiendo por tal no la autarquía) está muy bien. Me limito a lo mío y evito involucrarme en conflictos extranjeros. Así, en principio, me irá mejor. Esa ha sido, históricamente, la posición de la «vieja derecha» y considero que es la que deberían adoptar la grandísima mayoría de los países del mundo. Pero no siempre ni en todos los casos conviene ser aislacionista. Pongamos un ejemplo. Si una «potencia» como Rusia ataca a un país como Ucrania, que a priori tenía todas las de perder, los demás países pueden perfectamente unir esfuerzos para impedir que el agresor consiga sus objetivos. Al fin y al cabo, hablamos de una invasión injustificada (porque las excusas de Vladímir Putin no se las cree nadie). Permitir que Rusia se salga con la suya supondría enviar un mensaje peligrosísimo tanto al propio Kremlin como al resto de países de la región. Sería, en la práctica, decirles que intentar conquistar a un vecino puede quedar impune. Este mismo razonamiento se aplica, con más fuerza, al caso de Estados Unidos. Si eres la primera potencia mundial y tienes enfrente a una dictadura genocida como la iraní, con una visión apocalíptica del mundo y que aspira a hacerse con armas nucleares, tienes la responsabilidad de impedirlo. Y lo de su visión apocalíptica del mundo no es, ni mucho menos, una exageración. En la escatología chiita, el fin del mundo está ligado a la reaparición del Mahdi, un descendiente de Mahoma que, según el islam, aparecerá para gobernar el mundo y restaurar la «verdadera religión». Quiero recordar que, en enero de este año, la tiranía islamista cortó el acceso a Internet para intentar ocultar al mundo la masacre de decenas de miles de manifestantes que protestaban contra su mala gestión económica y reclamaban una transición a la democracia. Pero ni siquiera así consiguieron evitar que se conociera lo que estaba ocurriendo. La brutalidad llegó hasta el punto de que los heridos eran rematados en los propios hospitales. Afortunadamente, Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, que lleva más de diez años advirtiendo del peligro que el régimen genocida de los ayatolás representa para Occidente, decidieron actuar. Y si hacerlo implica perder las elecciones de medio mandato (porque es lógicamente impopular que suba el precio de la energía) y que algunos te cuelguen, por pura estupidez, la etiqueta de neoconservador, pues que así sea. El contrafactual (que Irán obtenga la bomba atómica) es infinitamente peor. Tampoco hay que olvidar que ya el pasado junio se intentó destruir las centrifugadoras de enriquecimiento de uranio que Irán mantiene en búnkeres mediante la denominada «Operación Martillo de Medianoche», una operación militar limitada. No fue suficiente. Posteriormente, se buscó una solución diplomática, llegando a ofrecer el levantamiento de las sanciones a cambio de renunciar al programa nuclear, pero el régimen no entró en razón. La guerra abierta se hizo, a esas alturas, inevitable. El problema fueron los numerosos e infructuosos altos al fuego, cuando lo que había que hacer era terminar el trabajo rápidamente. En definitiva, no todo puede analizarse exclusivamente desde los dogmas de la ideología que profesas. Por Manuel Rodríguez (@Rodriguez8Manu) y Álvaro Rodríguez (@arodrrosa).
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Esto es. En Galicia casi todo el mundo tiene algo, porque es una comunidad bastante envejecida. Y esa realidad contribuye a que exista una mentalidad conservadora muy arraigada, por mucho que algunos quieran hacer creer lo contrario.
Replying to @opatelinho
Non podo entender porque aínda non os decatades das causas do arrase a dereita nas zoas máis galegofalantes. Esa xente non quere galeguismos impostados de pixoprogres, síntese de España e é conservadora polo respeito ás normas e a propiedade privada. Fóra okupas e lacazans.
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¿Cómo va a sentirse identificado un conservador gallego —que, insisto, representa a una parte muy importante de la sociedad— con todo eso de «Galiza» y demás historias de despacho cuando, además, quienes lo defienden son, en su mayoría, universitarios de las ciudades más
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españolizadas, estudiantes de Ciencias Políticas, Filosofía y carreras por el estilo, con el pelo pintado de colores? Pensar que puede ocurrir lo contrario es no entender absolutamente nada de la realidad gallega.
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En realidad, la crítica no va dirigida a la corriente ideológica en sí, ni a sus herederos ni tampoco al libertarismo. Nada más lejos de nuestra intención. El problema está en quienes son incapaces de salir de su propio marco incluso cuando las circunstancias lo exigen.
Centramos la crítica en una corriente de pensamiento que me gusta muchísimo, la vieja derecha estadounidense, aunque en este caso concreto no compartamos su postura aislacionista. La crítica, no obstante, también se extiende a paleoconservadores, paleolibertarios y libertarios.
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Centramos la crítica en una corriente de pensamiento que me gusta muchísimo, la vieja derecha estadounidense, aunque en este caso concreto no compartamos su postura aislacionista. La crítica, no obstante, también se extiende a paleoconservadores, paleolibertarios y libertarios.
¿POR QUÉ FALLA LA «OLD RIGHT» AL ANALIZAR IRÁN? La guerra de Irán es un asunto que suscita un intenso debate y admite muchos enfoques. Por mi parte, quiero centrarme en el que más me interesa políticamente y que forma parte de la tradición de la «old right»: el de que no conviene intervenir en guerras de otros países. El aislacionismo (entendiendo por tal no la autarquía) está muy bien. Me limito a lo mío y evito involucrarme en conflictos extranjeros. Así, en principio, me irá mejor. Esa ha sido, históricamente, la posición de la «vieja derecha» y considero que es la que deberían adoptar la grandísima mayoría de los países del mundo. Pero no siempre ni en todos los casos conviene ser aislacionista. Pongamos un ejemplo. Si una «potencia» como Rusia ataca a un país como Ucrania, que a priori tenía todas las de perder, los demás países pueden perfectamente unir esfuerzos para impedir que el agresor consiga sus objetivos. Al fin y al cabo, hablamos de una invasión injustificada (porque las excusas de Vladímir Putin no se las cree nadie). Permitir que Rusia se salga con la suya supondría enviar un mensaje peligrosísimo tanto al propio Kremlin como al resto de países de la región. Sería, en la práctica, decirles que intentar conquistar a un vecino puede quedar impune. Este mismo razonamiento se aplica, con más fuerza, al caso de Estados Unidos. Si eres la primera potencia mundial y tienes enfrente a una dictadura genocida como la iraní, con una visión apocalíptica del mundo y que aspira a hacerse con armas nucleares, tienes la responsabilidad de impedirlo. Y lo de su visión apocalíptica del mundo no es, ni mucho menos, una exageración. En la escatología chiita, el fin del mundo está ligado a la reaparición del Mahdi, un descendiente de Mahoma que, según el islam, aparecerá para gobernar el mundo y restaurar la «verdadera religión». Quiero recordar que, en enero de este año, la tiranía islamista cortó el acceso a Internet para intentar ocultar al mundo la masacre de decenas de miles de manifestantes que protestaban contra su mala gestión económica y reclamaban una transición a la democracia. Pero ni siquiera así consiguieron evitar que se conociera lo que estaba ocurriendo. La brutalidad llegó hasta el punto de que los heridos eran rematados en los propios hospitales. Afortunadamente, Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, que lleva más de diez años advirtiendo del peligro que el régimen genocida de los ayatolás representa para Occidente, decidieron actuar. Y si hacerlo implica perder las elecciones de medio mandato (porque es lógicamente impopular que suba el precio de la energía) y que algunos te cuelguen, por pura estupidez, la etiqueta de neoconservador, pues que así sea. El contrafactual (que Irán obtenga la bomba atómica) es infinitamente peor. Tampoco hay que olvidar que ya el pasado junio se intentó destruir las centrifugadoras de enriquecimiento de uranio que Irán mantiene en búnkeres mediante la denominada «Operación Martillo de Medianoche», una operación militar limitada. No fue suficiente. Posteriormente, se buscó una solución diplomática, llegando a ofrecer el levantamiento de las sanciones a cambio de renunciar al programa nuclear, pero el régimen no entró en razón. La guerra abierta se hizo, a esas alturas, inevitable. El problema fueron los numerosos e infructuosos altos al fuego, cuando lo que había que hacer era terminar el trabajo rápidamente. En definitiva, no todo puede analizarse exclusivamente desde los dogmas de la ideología que profesas. Por Manuel Rodríguez (@Rodriguez8Manu) y Álvaro Rodríguez (@arodrrosa).
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¿Por qué se queda corto el planteamiento de la vieja derecha estadounidense —y de sus herederos ideológicos— ante casos como el de Irán? Os dejo este artículo, que en esta ocasión he escrito junto a @arodrrosa.
¿POR QUÉ FALLA LA «OLD RIGHT» AL ANALIZAR IRÁN? La guerra de Irán es un asunto que suscita un intenso debate y admite muchos enfoques. Por mi parte, quiero centrarme en el que más me interesa políticamente y que forma parte de la tradición de la «old right»: el de que no conviene intervenir en guerras de otros países. El aislacionismo (entendiendo por tal no la autarquía) está muy bien. Me limito a lo mío y evito involucrarme en conflictos extranjeros. Así, en principio, me irá mejor. Esa ha sido, históricamente, la posición de la «vieja derecha» y considero que es la que deberían adoptar la grandísima mayoría de los países del mundo. Pero no siempre ni en todos los casos conviene ser aislacionista. Pongamos un ejemplo. Si una «potencia» como Rusia ataca a un país como Ucrania, que a priori tenía todas las de perder, los demás países pueden perfectamente unir esfuerzos para impedir que el agresor consiga sus objetivos. Al fin y al cabo, hablamos de una invasión injustificada (porque las excusas de Vladímir Putin no se las cree nadie). Permitir que Rusia se salga con la suya supondría enviar un mensaje peligrosísimo tanto al propio Kremlin como al resto de países de la región. Sería, en la práctica, decirles que intentar conquistar a un vecino puede quedar impune. Este mismo razonamiento se aplica, con más fuerza, al caso de Estados Unidos. Si eres la primera potencia mundial y tienes enfrente a una dictadura genocida como la iraní, con una visión apocalíptica del mundo y que aspira a hacerse con armas nucleares, tienes la responsabilidad de impedirlo. Y lo de su visión apocalíptica del mundo no es, ni mucho menos, una exageración. En la escatología chiita, el fin del mundo está ligado a la reaparición del Mahdi, un descendiente de Mahoma que, según el islam, aparecerá para gobernar el mundo y restaurar la «verdadera religión». Quiero recordar que, en enero de este año, la tiranía islamista cortó el acceso a Internet para intentar ocultar al mundo la masacre de decenas de miles de manifestantes que protestaban contra su mala gestión económica y reclamaban una transición a la democracia. Pero ni siquiera así consiguieron evitar que se conociera lo que estaba ocurriendo. La brutalidad llegó hasta el punto de que los heridos eran rematados en los propios hospitales. Afortunadamente, Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, que lleva más de diez años advirtiendo del peligro que el régimen genocida de los ayatolás representa para Occidente, decidieron actuar. Y si hacerlo implica perder las elecciones de medio mandato (porque es lógicamente impopular que suba el precio de la energía) y que algunos te cuelguen, por pura estupidez, la etiqueta de neoconservador, pues que así sea. El contrafactual (que Irán obtenga la bomba atómica) es infinitamente peor. Tampoco hay que olvidar que ya el pasado junio se intentó destruir las centrifugadoras de enriquecimiento de uranio que Irán mantiene en búnkeres mediante la denominada «Operación Martillo de Medianoche», una operación militar limitada. No fue suficiente. Posteriormente, se buscó una solución diplomática, llegando a ofrecer el levantamiento de las sanciones a cambio de renunciar al programa nuclear, pero el régimen no entró en razón. La guerra abierta se hizo, a esas alturas, inevitable. El problema fueron los numerosos e infructuosos altos al fuego, cuando lo que había que hacer era terminar el trabajo rápidamente. En definitiva, no todo puede analizarse exclusivamente desde los dogmas de la ideología que profesas. Por Manuel Rodríguez (@Rodriguez8Manu) y Álvaro Rodríguez (@arodrrosa).
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