—“Ni muy cerca que te quemes ni muy lejos que te enfríes”
—¿Dónde, entonces.
—En las templadas tierras de la Utopía.
Hay palabras tan manidas—tan traídas y llevadas—que se duda puedan tener significado auténtico; palabras de la falsificación y lo equívoco. Palabras, por ejemplo, como “amor” y “felicidad”.
El río revuelto de los descarados—aluvión destructivo—se lleva todo por delante, incluso a los propios gananciosos y oportunistas pescadores.
—¿Ha nacido uno sólo para vivir este instante?— se pregunta admirado ante el momento que le parece—como todo momento parece—memorable.
Dice el refrán —y axageradamente acierta—que “no hay mal —ni bien tampoco—que dure cien…” segundos. El tiempo va de prisa.
“Quien canta—dice el refrán—su mal espanta” o, como mejor lo dice el gaucho payador : “… al hombre que lo desvela/una pena extraordinaria/como el ave solitaria/con su cantar se consuela.
Innumerables, como los grillos invisibles entre las flores y la maleza, cantamos, incesantes, nuestra estridente letanía. Cada grillo, el único; todos los grillos el mismo.
Quién sabe de encuentros y desencuentros dice que no es asunto fácil encontrarse de pronto, inesperadamente, consigo mismo.






