Amar también es sostener las ruinas del ayer, recoger los pedacitos del alma y aprender a sanar sin olvidar. Es mirar juntos hacia el pasado con nostalgia, sabiendo que, aunque algunas cosas se hayan ido para siempre, siempre habrá una manera de abrazar al corazón.
La vida siempre sigue fluyendo; somos nosotros quienes, a veces, nos quedamos aferrados a las cosas del ayer, olvidando que el presente también merece ser vivido.
Quisiera volver el tiempo atrás para ahorrarte las tristezas y decepciones que hicieron añicos tu alma. Hoy, solo puedo abrazarte con ternura y calmar en silencio las tempestades de tu corazón.
Hablan del mal de amores, pero poco del vacío que deja una amistad que creíamos infinita y que, de repente, se aleja sin intentar volver, dejándonos con la duda de en qué fallamos como amigos.
Qué cinismo hablar de amor y regalar besos, cuando tu tiempo y tus sentimientos están ocupados por alguien más.
Nuestra conexión es tan fuerte que, por mucho que nos cueste, siempre terminamos encontrando el camino de vuelta el uno al otro.
Poco se habla del peligro de viajar al pasado: esa nostalgia fugaz que primero te abraza el corazón y al instante te lo rompe.
Hay heridas que sangran por dentro. Qué error tan grande suponer que alguien no sufre solo porque no llora en público.



