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Para los aspirantes a dejar de creer en seres omnipotentes, les recomiendo mi libro:
a.co/d/b2GTNdb
Si usted termina de leer mi artículo, es candidato para leer un libro completo:
“Mucho texto” milenio.com/opinion/adrian-h…
Conan, ¿Qué es lo mejor en la vida?
"Aplastar a tus enemigos, verlos postrarse y humillarse ante ti y escuchar los lamentos de sus mujeres"
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He llegado a la solemne conclusión de que leer no sirve para nada. Mejor invertir el tiempo merodeando sin sentido por las redes sociales, peleando con desconocidos y viendo pasar la vida de manera inconsecuente. Acompáñeme en este trascendente viaje:
Libros electrónicos milenio.com/opinion/adrian-h…
adrian herrera díaz retweeted
Lo que se me pasó decirles ayer es que en el asunto de mi libro en la feria de Monterrey (sábado a las 5pm) van a estar nada menos que la fantástica dottoressa @ursulacamba y @elchefherrera, el cocinero del averno. ¡Agárrense!
Shampoo, gastronomía, biología molecular... Ya no sabe uno los misterios que guardan los anaqueles del supermercado...
Compré un androide para conversar sobre la esencia de la realidad y el significado de la vida pero terminó deprimido y se convirtió en alcohólico. La verdadera historia aquí: milenio.com/opinion/adrian-h…
Dice Georges Rodenbach que los sueños son la llave para escapar de nosotros mismos.
Puede ser, tiene sentido.
Intentamos hacerlo despiertos, pero nunca funciona.
Yo he soñado que dejo mi cuerpo y vuelo. Es una sensación increíble.
Por cierto, Georges Rodenbach murió de apendicitis.
Principio básico: si te juntas con pendejos, no te conviertes en uno de ellos (a menos que ya lo seas), pero tienes que comportarte como tal para convivir con ese grupo. Sin embargo, sí existe un riesgo de adquirir algunas de las características de esos pendejos. Tened precaución pues. Claro, lo mejor es no juntarse con tarados, subnormales y animales de pantano.
Inventé un guacamole sin aguacate. Además es rojo. Me quedó deli. La receta aquí: milenio.com/opinion/adrian-h…
@JordiCruzMas
"¿Qué tesoros va a arrastrar la ola, durante el reflujo, sobre la arena de la playa, después de haberlo destrozado todo en un segundo?"
Pascal Quignard
AVISO DEL CHEF
En los últimos años he visto una tendencia preocupante: practicantes y recién graduados que llegan a nuestros restaurantes como si fueran los dueños y con una actitud de saberlo todo. Se fijan en todo y proponen cambios. Echan un vistazo al menú y están seguros que pueden meter sus recetas según su larguísima trayectoria y profundísima sabiduría. Ellos están ahí para crear el restaurante perfecto. Pero lo que más me emputece es que no sean capaces de reconocer la autoridad del jefe de cocina y que, dentro de su soberbia, realmente crean que están, sino por sobre ellos, por lo menos a su misma altura.
Mira, cocinerito, practicante o alucinado gastronómico, dejemos algunas cosas bien claras:
En una cocina profesional el jefe de cocina es quien da las ordenes. No se le cuestiona: se le obedece. Le explico; el jefe de cocina no llegó a ese puesto ni por haber estudiado y tener un título (en el caso de que lo tenga), ni por dedazo, ni mucho menos por elección popular (¡no mames¡). Llegó a ser jefe porque se lo ganó, porque pasó muchos años en la cocina, desarrolló experiencia, sentido común, conocimiento, inteligencia, empatía con sus compañeros de trabajo y todo esto le confiere la capacidad para manejar la cocina y asumir el puesto con eficiencia y dignidad y con respeto a sus colegas de trabajo.
En la cocina se respeta el rango, coño.
No termino de entender cómo llegan estos puñetines recién graduados y practicantes en general a creerse que saben más que los veteranos, los que han sacrificado tanto y han pasado tantas horas en una cocina y alucinarse así con sus propias fantasías onanísticas creyéndose más -mucho más- de lo que son (e incluso de lo que pueden llegar a ser). A ver niños y niñas, así no funcionan las cosas. En esta realidad hay que chingarse para ganarse el puesto. Y con el puesto me refiero no sólo a la capacidad técnica sino también a la habilidad de crear nexos profundos con los compañeros de trabajo. Porque, ¿sabes? Trabajar en equipo es mucho más difícil que plantarte como robot para sacar las comandas.
Me irrita también que estos pendejetes imberbes y con sus gónadas subdesarrolladas se crean visionarios e intenten darnos cátedra a los dueños de nuestros negocios sobre cómo se imaginan ellos que nuestros restaurante podrían ser mejores.
Ajá.
Déjame explicarte algo, niño cagón: cuando estés frente a una persona que tuvo una visión de su futuro, invirtió su tiempo y dinero, se jugó todos sus recursos por un sueño y tuvo los huevos para confrontar toda clase de dificultades y fracasos y que al final logró consolidar ese sueño, tu te callas y, en un auténtico acto de humildad, agradeces estar en un sitio que te permite aprender y crecer para después lograr concretar lo tuyo. No te pones a decir mamadas y a pegarle al don verga.
¿Quieren entrar en este negocio en serio? Ubíquense. Observen bien a los que llevamos años aquí. Quiero que se fijen bien en cómo hemos llegado a tener la sabiduría que tenemos. Y no fue por un pendejo título de una escuela: la escuela ayuda, pero sólo en términos netamente técnicos. El verdadero aprendizaje se adquiere partiéndose la madre en la línea, frente a la lumbre, en el comedor atendiendo mesas, en la barra sacando en putiza bebidas y cocteles, en la caja computando cuentas, limpiando baños, trapeando, barriendo, sacando la basura, peleando con vecinos, lidiando con gente difícil y en el día a día y año tras año que suma este gran oficio que es la restaurantería. Sabiduría quiere decir todo eso: una combinación de experiencia, disciplina, sentido común, intuición, inteligencia, visión, estar en el lugar y momento correctos y un poco de suerte.
Es una cosa de locos, de veras.
Luego viene el tema de mis recetas; no me canso de explicarle a los cocineros que trabajan para mí o en mis proyectos el siguiente principio: ustedes son copistas de mis recetas, no intérpretes de las mismas. ¿Quieren cambiar algo? Háganlo en su puta casa o abran su restaurante y experimenten todo lo que les salga del forro de las pelotas. ¿Quieren una oportunidad? Hágansela a si mismos, como lo hicimos yo y muchos otros. Esto no es una escuela; aquí usted no paga por aprender, yo le pago para seguir órdenes y, si de pasada quiere aprender algo, pues qué bueno, cómasela toda y que le aproveche. Aquí las cosas se hacen como determinamos los jefes y los dueños. Al que no le guste y no esté de acuerdo que se vaya a su casa a jugar a las comiditas. Ojalá tengan estos insolentes la oportunidad de ser patrones y de manejar sus propios restaurantes, para que se enteren, de una vez por todas, de lo que realmente se trata todo esto. Se la van a pelar.
Bienvenido al verdadero y fascinante mundo de la restaurantería.
Me llegó ayer. Hoy no tengo ganas de hacer absolutamente nada así que lo voy a leer. Si alguien ya lo leyó lo platicamos luego. Recuerden que mañana es lunes y todo se va a la mierda.
Le pedí a la IA que me ayudara a crear la fórmula perfecta para destruir a la humanidad. Aquí la receta:
La fórmula perfecta via @milenio milenio.com/opinion/adrian-h…
Cocinando una terrina y mientras se termina de cocer, un purito, un Rusty Nail y Diana Krall. Se hace lo que se puede.
Martes. Un día extraño. Sin personalidad, sin sentido, sin exigencias. El día perfecto para disfrutar un habano con un Black Manhattan y rock clásico. Dejemos que la vida ocurra.







