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Professora de filosofia

Manresa ( Barcelona)
Joined January 2012
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❓¿Podemos elegir nuestras #creencias? ➡️ Las creencias no se eligen como quien cambia de opinión de un momento a otro, sino que se forman en una compleja red de experiencias y circunstancias. ethic.es/elegir-nuestras-cre…
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¿Tenemos la misma obligación de salvar a un niño que se ahoga delante de nosotros que de ayudar a alguien que se muere de hambre a miles de kilómetros? Peter Singer planteó el «dilema del estanque»: pensar la responsabilidad moral ante el sufrir ajeno  filco.es/el-dilema-del-estan…
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¿Por qué el vino puede proporcionarnos tanta alegría como sufrimiento? ¿Por qué una misma bebida puede conducirnos al placer y a la desgracia? Los griegos explicaban esta naturaleza ambivalente del vino mediante el mito de Dioniso y Ámpelo. Os cuento su historia. 🧵
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Vivimos rodeados de opiniones que no gozan de un razonamiento lógico y una base fundada. Se trata de las #falacias: argumentos sin validez reconocibles por su carencia de cualquier tipo de lógica. ethic.es/siete-falacias-para…
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¿Quién dijo que la literatura no predice el futuro? Orwell y Huxley: dos miradas actuales desde el pasado.
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Con ‘Niebla’, #Unamuno impuso en la literatura española un recurso que se convertiría en imprescindible para la novelística del pasado siglo: el flujo de conciencia o diálogo interior que tan necesario resulta para el desarrollo personal. ethic.es/unamuno-conversacio…
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Charco de hoy 👇 "La burocracia educativa es una máquina perfecta: convierte al maestro en secretario, al inspector en auditor y al conocimiento en un documento adjunto."
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Actualmente, el miedo ante el sufrimiento venidero se ha convertido en uno de los principales generadores de ansiedad en la sociedad.  ethic.es/seneca-dolor-imagin…
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Francesc Torralba: «Los tecnólogos se han convertido en los nuevos mesías» Torralba vuelve sobre una idea incómoda: la libertad exige angustia. La máquina no la conoce, por eso puede ahorrárnosla, a cambio de robarnos una parte de lo que nos hace humanos filco.es/francesc-torralba-l…
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Avui, a @MonDiari parlo de com de difícil (sinó impossible) serà remuntar els resultats educatius a Catalunya a partir d’una lectura profunda dels factors que ho impedeixen. elmon.cat/opinio/per-que-ser…
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"Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que nadie crea en nada. Un pueblo que ya no distingue entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal: un pueblo privado del poder de pensar". Hannah Arendt
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Catalunya, el lloc on es tarda dècades en comprendre les coses més elementals, després de 45.000 comissions.
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"La falta de respeto que hoy en día sentimos como elemento latente en cualquier lugar y que a menudo degenera en agresión contra el otro constituye el reflejo de una profunda crisis social." Byung-Chul Han
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Un criminal de guerra y un imbécil a cual más miserable. !Melei y Netanyahu son gentuza!
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No perdáis el tiempo debatiendo con fascistas. "Al fascismo se le destruye. El diálogo no es para las bestias". Jean Paul Sastre
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"Me gusta la gente sentipensante, que no separa la razón del corazón. Que siente y piensa a la vez. Sin divorciar la cabeza del cuerpo, ni la emoción de la razón". Eduardo Galeano
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UNAMUNO, EL INTELECTUAL AIRADO Se suele confundir la prudencia, que es una virtud, con el conformismo, una estrategia nada inocente que implica la renuncia al coraje cívico. La prudencia no está reñida con la pasión. Ser prudente no significa abstenerse de apoyar con fervor lo que se considera ético o necesario. La prudencia consiste en elegir lo correcto, no en colocarse a medio camino para eludir los conflictos. Unamuno fue un hombre apasionado e imprudente. Nunca tuvo miedo de molestar. Solo quiso ser honesto y sincero. Decir abiertamente lo que pensaba le creó muchos problemas: destitución, destierro, arresto domiciliario. Su franqueza incluyó el reconocimiento de sus propios errores. Nunca se consideró infalible, pero sí libre de cualquier forma de doblez o hipocresía. No le costó trabajo admitir que a veces había sido muy ingenuo, especialmente al final de su vida, cuando creyó que los militares sublevados en 1936 solo darían un golpe de timón para restaurar la paz y el orden, sin desmontar el régimen de libertades instaurado por la República. La trayectoria política de Unamuno no refleja inestabilidad, oportunismo o inconsistencia, sino una infatigable búsqueda de la verdad. En 1894, se afilió al PSOE, pues entendió que la lucha del socialismo contra la injusticia y la desigualdad podría erradicar la pobreza, la desigualdad y el analfabetismo. Durante sus años como colaborador del periódico El Socialista y el semanario La Lucha de Clases, criticó ferozmente al capitalismo, al que acusó de convertir “al hombre en una mercancía más, vaciándola de humanidad”, y de promover la guerra, “un negocio de los ricos y un escarnio para los pobres”. Unamuno, que se opuso a la guerra de Cuba y las políticas colonialistas, describió el socialismo como un camino hacia la paz y la solidaridad: “El socialismo es para mí la religión de la humanidad, la encarnación del espíritu evangélico en la vida social moderna”. Solo un “santo sentimiento de solidaridad” podrá redimir a los trabajadores de la alienación provocada por la explotación capitalista. La gran inquietud espiritual de Unamuno hizo que fundiera el socialismo con el cristianismo primitivo, pues Cristo exigió “justicia para los desvalidos”, una demanda que ha ignorado la jerarquía eclesiástica. Unamuno abandonó el PSOE en 1897 tras una crisis espiritual. Su anhelo de inmortalidad y trascendencia se reveló incompatible con el materialismo histórico y dialéctico. El socialismo pretendía curar el cuerpo “matando el alma”. Su preocupación por la economía “olvidaba que no solo de pan vive el hombre”. La disciplina de partido también le resultó intolerable a un intelectual que se definía a sí mismo como un “ideoclasta” y un liberal indomable. Los dogmas, las consignas y la burocracia le parecieron simples máscaras de un gregarismo que destruía la libertad individual. Frente a la lucha de clases, que alimenta el odio y la división social, Unamuno propuso un ideal de fraternidad y una visión de la historia que trascienda lo estrictamente material. El bienestar no es suficiente. El ser humano alberga una sed espiritual que solo se aplacará con la perspectiva de un más allá, una posibilidad que el marxismo negaba y calificaba de opio para el pueblo. Después de alejarse del socialismo militante, Unamuno abrazó un liberalismo orientado a la justicia social y basado en la tolerancia y el respeto a la conciencia individual. El socialismo había convertido al Estado en un nuevo Dios. En cambio, el liberalismo invitaba al individuo a no adorar fetiches, a cultivar la independencia de criterio, a sacudirse los dogmas y a obrar conforme a su conciencia, sin tutelas ni coacciones. Crítico implacable de la monarquía, Unamuno apoyó la Segunda República hasta el extremo de ocupar un escaño como diputado independiente, pero enseguida se desengañó. En 1932, pronunció una conferencia en el Ateneo de Madrid, donde afirmó “Me duele España y me duele además su República. […] Repruebo la quema de conventos y la confiscación de los bienes, critico las leyes de excepción y la censura de periódicos por parte del actual gobierno. Es necesaria una nueva España…”. El público respondió con abucheos y en 1933 Unamuno renunció a su acta de diputado, si bien insistió en que es necesario “salvar la República, porque es la única manera de salvar a España”. En los años posteriores, criticó a la CEDA y al Frente Popular y, en la primavera del 36, celebró la sublevación militar, pero sus expectativas de una reforma incruenta se frustraron enseguida. La brutal represión de la retaguardia, que se cobró la vida de varios de sus amigos, como el maestro y pastor anglicano Atilano Coco, el alcalde republicano Casto Prieto Carrasco, y el profesor y arabista Salvador Vila, le abrió los ojos y le hizo protagonizar un sonado enfrentamiento con Millán-Astray en el paraninfo de la Universidad de Salamanca durante el Día de la Raza. “Vencer no es convencer”, exclamó entre gritos y amenazas. Solo la intervención de José María Pemán y Carmen Polo evitó que el incidente desembocara en un linchamiento. Sometido a arresto domiciliario, su inesperada muerte el 31 de diciembre de 1936 mientras hablaba con el falangista Bartolomé Aragón puso en circulación la teoría de un asesinato. Aunque el acta de defunción apunta una “hemorragia bulbar”, aún se especula si fue envenenado. Los falangistas se apropiaron de su figura durante el entierro, pero Unamuno, que había hablado brevemente con José Antonio Primo de Rivera y acudido a uno de sus mítines, ya había declarado el 23 de noviembre que no quería saber nada de la “inmunda falangería”, a la que consideraba un peligro para España. Unamuno fue un intelectual airado, un pensador que escribió contra esto y aquello, un espíritu ardiente que cultivó la paradoja y la polémica. Al revés que Ortega y Gasset, que se retiró de la plaza pública para refugiarse en el ámbito académico, prefirió pisar calles y plazas para alzar la voz contra las distintas formas de gregarismo y autoritarismo. No siempre acertó y, en algunas ocasiones, cometió grandes errores, pero siempre rectificó sin reparar en las consecuencias. Actualmente, hay pocos intelectuales airados. Sin embargo, son sumamente necesarios, pues espolean la conciencia colectiva. ¿Qué diría hoy Unamuno ante la degradación de la vida política? En ningún caso callaría y creo arremetería con el mismo furor contra la izquierda y la derecha. A la izquierda la acusaría de haber dado la espalda a cuestiones esenciales, como el amor a la patria, la familia o la idea de Dios. Y a la derecha le reprocharía utilizar esos temas para encubrir sus objetivos reales: el poder, el dinero, los privilegios. Firme defensor del pueblo y la justicia social, habría lanzado toda clase de exabruptos contra los oligarcas que acumulan fortunas mediante maniobras especulativas y contra los patriotas de cartón piedra que exaltan la pureza nacional. Y, en último término, habría repetido una y otra vez la frase filósofo y político católico francés Charles de Montalembert: «Solo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe». Con este discurso, Unamuno se habría ganado la incomprensión y la antipatía de todos. Sin embargo, no le habría importado, pues la popularidad le parecía muchos menos importante que la verdad. “Mi religión es buscar la verdad en la vida y la vida en la verdad, aun a sabiendas de que no he de encontrarlas mientras viva”, escribió. Unamuno era un hombre para la eternidad. Por eso, en cualquier época, su voz siempre será intempestiva y sumamente necesaria. RAFAEL NARBONA elespanol.com/el-cultural/bl…
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