Cristal empañado,
la ciudad se disuelve—
ella cierra los ojos.
Cabeza hacia atrás,
labios entreabiertos..
la lluvia escribe
sobre su cara quieta
todo lo que no dice.
Alza las piernas
hacia la luz de la ventana,
el cárdigan rosa
apenas sostenido
por un hombro.
Los calcetines blancos
suben hasta la rodilla,
pero más arriba
ya no hay nada
que esconder.
La cama está deshecha.
Ella cierra los ojos
y deja que la tarde
la mire
sin prisa.
Brilla la muerte
con flores y oro antiguo—
sin pedir disculpas.
No se esconde ella
bajo el peso del tiempo;
lleva su corona
de rosas y calavera
como quien nace otra vez.