Por ahora, les comparto el anuncio de la ley de rescate que Colombia, los mercados y los inversionistas estábamos esperando. Apenas conozca el texto, vuelvo por aquí para desmenuzarlo y explicar, en palabras sencillas, qué propone y qué significa para todos. @miguel_gomez_m @jrestrp @MinHacienda
Sol Suárez Jaramillo retweeted
Existe una ignorancia histórica brutal en los fandoms actuales cuando intentan minimizar el imperio de Shakira diciendo que «su ventaja fue cantar en inglés», como si el mercado anglosajón de principios de siglo regalara carreras por caridad.
Cuando Shakira ejecutó el crossover con Laundry Service, no hizo lo que hicieron otros latinos de su época. Ella aprendió un idioma desde cero leyendo poesía de Walt Whitman con un diccionario en la mano para no ceder el control de sus letras, y obligó a las radios de Estados Unidos y Europa a programar quenas andinas, charangos, tango y percusión árabe en plena dictadura del pop rubio de Britney y Christina.
Y por si fuera poco, cuando el mercado anglo quiso encapsularla, les soltó Fijación Oral íntegramente en español antes de convertir Hips Don’t Lie en un número uno mundial inapelable. Demostró que se podía ir y volver sin pedir permiso.
El mayor delirio de la industria actual en Latinoamérica es creer que liderar una lista de Spotify entre Miami, México y Madrid ya te convierte en una leyenda mundial.
Creen que ponerse una peluca de colores, hacer cosplay de la estética que Shakira ya usaba hace veinte años o rogarle una colaboración para salvar las ventas de un álbum alcanza para reclamar su corona.
Son turistas tomándose fotos en una carretera que ella y otros Latinos de la época pavimentaron a pico y pala, y la realidad los golpea apenas salen de su zona de confort.
Shakira mostró que el mercado aceptaba sonidos latinos si venían empaquetados con calidad y personalidad.
Shakira combinó canciones que ella misma escribía, cambios de género que no sonaban a moda, una imagen que se quedaba y la capacidad de reinventarse sin dejar de ser ella. Por eso sigue siendo el estándar con el que se mide a las demás artistas latinas.
Totalmente de acuerdo con todo lo que dice aquí! The Queen 👑
La biografía de Shakira es el cementerio de todas sus supuestas «competencias».
En los noventa la pusieron a competir con las estrellas pop latinas del momento; hoy una vive de subir TikToks y la otra se pelea con el baterista en palenques a medio llenar.
En los dos mil se midió con las princesas y divas del pop en inglés; hoy casi todas viven de la nostalgia en Las Vegas o cancelan giras porque ya no llenan fuera de Estados Unidos.
Ahora nos quieren vender que cualquier urbano o nueva princesa latina tiene «estatus mundial» por llenar una arena en Londres, Milán o París. Hablemos claro: eso no es conquistar el mundo, es migración. Llenar un recinto donde el 95% del público son tus propios paisanos nostálgicos no te hace global; es hacer una fiesta patronal con pasaporte. Les cantan a los mismos de siempre en otro código postal: un consulado ambulante con autotune.
Shakira cruzó el charco en el 2000, sin playlists compradas y cuando casi no había latinos en Europa o Asia. Mientras las estrellas en inglés juegan en «modo fácil» —nacidas en el idioma del imperio y usando quince compositores europeos para rimar dos líneas—, una chica de Barranquilla que no hablaba el idioma se encerró en una granja en Uruguay con un diccionario y libros de poesía para escribir sus propios éxitos sin traductor.
Por eso nadie la va a igualar:
Las rubias intocables de hoy necesitan 30 versiones en vinilo del mismo álbum para inflar listas, pero en el escenario tienen la gracia de un maniquí.
Hasta la máxima diva estadounidense admitió en entrevistas lo que le costó seguirle el paso cuando bailaron juntas en el estudio.
Los ídolos latinos actuales no sostienen una entrevista de tres minutos en otro idioma, menos van a componer un hit mundial en una lengua prestada.
Treinta años viendo pasar «sucesoras» y «reyes globales» que duran lo que dura una visa de trabajo.
Unos arman fiestas patronales para migrantes; otras viven protegidas por la maquinaria estadounidense; ella obligó al planeta entero a aprender dónde quedaba Barranquilla.
Ayer celebraron el presupuesto. Hoy anunciaron que saldrá por decreto. Y ahora hay quienes se preguntan si el error fue realmente un error.
Revisemos:
En la madrugada del 20 de octubre, el Gobierno celebró que el Congreso había aprobado el presupuesto de 2027: $634,9 billones para salud, educación, pensiones, seguridad, subsidios, obras y pago de deudas.
Pero había un problema.
Senado y Cámara debían aprobar el mismo texto. Y en un artículo aprobaron cosas diferentes.
Se trata del artículo 65, relacionado con herramientas financieras para proteger al Estado frente a cambios en el petróleo, los combustibles y el dólar. Una modificación fue retirada en el Senado, pero terminó incluida en lo que votó la Cámara.
Esa diferencia debía corregirse y la versión en común tenía que volver a votarse. Eso no ocurrió y se venció el plazo.
Entonces el Gobierno anunció que expedirá el presupuesto por decreto.
¿Puede hacerlo? Sí, existe una regla para esa situación. Pero debe tomar como base el proyecto con los cambios aprobados en primer debate, antes de las últimas votaciones del Congreso.
Es decir, la bolsa conserva el mismo tamaño, pero se devuelve el reparto de la plata a una versión anterior.
¿Y qué queda por fuera al hacer eso?
Los $3 billones adicionales para salud. El aumento de $3 billones para subsidios de energía y gas y otros apoyos del sector. Los $100.000 millones para ayudar a pagar intereses de créditos del ICETEX. Los $7.000 millones adicionales para transferencias de Prosperidad Social. Y los $26.500 millones para esterilización de perros y gatos.
No significa que esos programas desaparezcan. Significa que quedan sin los refuerzos acordados después del primer debate.
También queda por fuera una nueva obligación de Hacienda: informar cada tres meses cuánta plata tienen distintos fondos que administran recursos públicos y cómo se está gastando.
Y se devuelve el recorte adicional de $11.402 millones que le habían hecho a la JEP.
Hasta ahí, las consecuencias de regresar al primer debate. Ahora viene la sospecha política.
Antes de que se conociera el error, ya había una advertencia en el Congreso: que el Gobierno quería sacar el presupuesto por decreto.
Cuando finalmente ocurrió, algunos empezaron a conectar los puntos: se vuelve al reparto anterior, se deshacen acuerdos del final y queda por fuera una nueva obligación de mostrar las cuentas.
En la preparación y revisión de los documentos participaron equipos del Gobierno y del Congreso. Queda por aclarar cómo llegó a la Cámara una modificación retirada en el Senado y por qué la diferencia no se detectó antes de la votación.
¿Eso demuestra que fue a propósito? No.
Una cosa es identificar a quién puede favorecer un resultado y otra probar que alguien lo provocó. Pero También hay otra posible explicación: descoordinación, afán y documentos mal revisados.
Lo cierto es y todos los vimos, que el presupuesto sí recibió respaldo del Congreso. El gobierno explica que hubo un error de trámite y que la versión que expedirá reconoce las obligaciones sociales del Estado.
Pero esa explicación todavía deja dos asuntos abiertos: cómo ocurrió la equivocación y cómo atenderán las necesidades para las que habían aprobado recursos adicionales.
Porque si fue un error, tiene responsables. Y si alguien sostiene que fue una maniobra, tiene que demostrarlo.
Lo comprobable es que las diferencias en un artículo terminaron afectando acuerdos sobre salud, servicios públicos, educación y control de la plata. El país merece saber quién falló y cómo van a corregir las consecuencias.
Oíganme, no. Tampoco, pues.
Ahora algunos petristas están saliendo a aprovechar la coyuntura para lavarse las manos de todo lo malo que hicieron durante cuatro años.
No, señores.
Nosotros vivimos esos cuatro años. Están registrados. No desaparecieron.
Maltrataron al país. Sí, nos maltrataron, por lo menos a la mitad del país.
Y especialmente maltrataron al sector empresarial.
Porque no fue solamente estar en desacuerdo con los empresarios. Fue el maltrato verbal permanente.
“Esclavistas”, “seudo aristocracia ignorante”, “ladrones de cuello blanco”, “bandidos”, “codiciosos”, “tacaños”; habló de empresarios que “defienden el esclavismo”, habló de una “oligarquía de los esclavistas”, de “herederos de los esclavistas” y llegó a comparar el carbón con la cocaína y a decir que era peor.
Eso pasó. Está escrito, grabado y publicado.
Convirtieron demasiadas veces al empresario en enemigo, lo señalaron y lo estigmatizaron, y a los gremios los convirtieron también en enemigos del Gobierno.
También gastaron plata como si no hubiera mañana, endeudaron al país y dejaron unas cuentas públicas profundamente deterioradas.
Y después hacían show con las decisiones del Banco de la República porque no bajaba las tasas de interés.
Pues aquí estamos, con tasas de interés altas, y no están altas por generación espontánea.
El Banco de la República está tratando de controlar una inflación que sigue por encima del 6 % y ha advertido que entre las presiones están precisamente el alto gasto público, el consumo y los mayores costos laborales. Es decir, decisiones del Gobierno Petro que hoy nos cuestan demasiado.
Ahora, ¿que bajó el desempleo? Sí.
¿Que bajó la pobreza monetaria? Sí.
Pero no vengan a sacar pecho porque el desempleo subió en un mes como si todo hubiera ocurrido por obra y gracia del Espíritu Santo.
Porque detrás de esas cifras hay una discusión que ustedes convenientemente olvidan.
La pobreza y el desempleo bajaron, sí, pero mientras celebraban esas cifras el país estaba gastando plata a manos llenas y el crecimiento estaba siendo empujado en buena parte por el consumo y el impulso fiscal, mientras la inversión seguía rezagada.
En otras palabras: cogieron plata de los colombianos y la metieron a la economía.
Plata de nuestros impuestos, de los ingresos del país y de deuda.
Y claro que si usted reparte dinero, aumenta los ingresos de los hogares y mete plata a la economía, puede mejorar indicadores.
Pero eso no significa que detrás haya un país más productivo, más empresas creciendo, más inversión o una mejor calidad de vida que pueda sostenerse en el tiempo.
Porque la plata se acaba.
Y cuando se acaba, queda la factura. Y hoy la estamos viendo.
Tenemos unas finanzas públicas profundamente deterioradas, más deuda, una inflación todavía por encima de la meta, tasas de interés altísimas y un desempleo subiendo por el montón de contratación inflada y repartida del Gobierno Petro.
Entonces, no.
No vengan ahora, tan cómodos, a aprovechar cada coyuntura del Gobierno que lleva dos meses para lavarse las manos y presentarse como si ustedes no nos hubieran dejado lo que hoy tenemos.
Pedir plata prestada en Colombia seguirá siendo caro.
El Banco de la República subió su tasa de interés de 12% a 12,25%.
¿Y eso qué significa para usted?
Esa no es exactamente la tasa que le cobra el banco por una tarjeta de crédito, un crédito de vivienda o un préstamo. Es la tasa con la que el Banco de la República orienta el costo del dinero en la economía.
Cuando la sube busca, entre otras cosas, que gastemos y nos endeudemos MENOS, que ahorremos más y que disminuya la presión sobre los precios.
En palabras sencillas: enfriar la economía para controlar la inflación.
¿Y qué es la inflación?
Es el aumento generalizado de los precios. Si hace un año necesitaba $100.000 para comprar una determinada cantidad de productos y hoy necesita más dinero para comprar lo mismo, perdió poder adquisitivo.
En agosto la inflación anual llegó a 6,2%. La meta del Banco de la República es 3%.
Y no todo está subiendo igual: la inflación de alimentos fue 6,1%, la de los regulados 6,8% , Por ejemplo: la energía, el gas, el agua, transporte, entre otros, y la de servicios llegó a 7,2%.
¿Y qué está presionando esos precios?
El Banco de la República advierte que el Fenómeno de El Niño puede seguir empujando hacia arriba los precios.
También, se tiene los ojos puestos en lo que ocurra con la recuperación después del terremoto y en las decisiones de política fiscal, porque serán factores importantes para definir qué pasa con las tasas de interés en los próximos meses.
Además, los analistas esperan que la inflación termine diciembre alrededor del 6,8%.
Por eso el Banco decidió volver a subir las tasas.
¿El problema? El remedio también tiene costos.
Créditos más caros pueden significar menos compra de vivienda, carros o electrodomésticos; menos inversión de las empresas y una economía que pierde velocidad.
Sin embargo, Miguel Gómez, ministro de Hacienda, que hace parte de la Junta Directiva del Banco de la República, estuvo entre quienes apoyaron subir la tasa al 12,25%.
Su argumento fue que un aumento moderado era prudente mientras se conoce mejor qué está pasando con los precios.
También dijo que: “La inflación es un impuesto que castiga particularmente a las personas más pobres”.
El propio ministro reconoce que una política monetaria más restrictiva ( subida de tasas) afecta el crecimiento económico, pero considera que por ahora controlar la inflación requiere mandar esa señal.
La decisión, además, estuvo dividida.
Cuatro miembros votaron por subir la tasa 25 puntos básicos, dos querían dejarla quieta y uno quería subirla 50.
Así que tenemos una economía tratando de crecer, una inflación que volvió a tomar fuerza y un Banco de la República que decidió pisar un poco más el freno.
Y esa pelea entre inflación, tasas y crecimiento termina llegando al mismo lugar: su bolsillo.
Hay algo que está empezando a sentirse entre los dirigentes gremiales del país: preocupación.
La ANDI y la Cámara Colombiana de la Infraestructura, CCI, son quizás dos de los casos más visibles, pero el ruido no se queda ahí.
He tenido la posibilidad de hablar con varios dirigentes gremiales en las últimas semanas y hay una sensación que se repite, con diferentes palabras: no están entendiendo al Gobierno.
La decisión de privilegiar el diálogo directo con los empresarios y reducir la interlocución con algunos gremios está empezando a generar tensión.
Los gremios han trabajado durante décadas con los gobiernos, independientemente de quién ocupe la Casa de Nariño. Son interlocutores entre el sector privado y el Estado.
Además, varios dirigentes empresariales y gremiales vieron en la llegada de Abelardo De La Espriella la posibilidad y esperanza de cambiar el rumbo del país. Algunos incluso participaron y lideraron equipos de empalme con la intención de ayudar a que el nuevo Gobierno arrancara bien.
Como dirían por ahí: podrá ser complicado, pero es de los nuestros. Entiende la importancia de que crezcan las empresas, llegue inversión y la economía avance.
Pero dos meses después, los dirigentes gremiales están preocupados.
Esperaban un Gobierno cercano al sector productivo. Lo que no esperaban era tener dificultades para encontrar su lugar como gremios dentro de esa relación.
No logran leer todavía cuál será el modelo de interlocución del Gobierno con ellos, hasta dónde llegará la decisión de hablar directamente con los empresarios y qué papel tendrán las asociaciones que durante años han representado a esos mismos empresarios frente al Estado.
Y eso, apenas dos meses después de comenzar el Gobierno, empieza a generar preocupación.
Después de 13 años, Bruce Mac Master renunció a la presidencia de la ANDI.
La salida ocurre después de semanas de tensión con el Gobierno de Abelardo De La Espriella, que había cerrado la interlocución con Mac Master, mientras algunas empresas empezaban a tomar distancia del gremio.
Y la carta de Bruce dice bastante.
Habla de “múltiples presiones” que afectaron la capacidad de la ANDI para actuar libremente y con autonomía.
También asegura que buscaron tender puentes y abrir espacios de diálogo, pero que “todos esos intentos resultaron infructuosos”.
Y agrega que no podía permitir que “circunstancias externas” terminaran afectando a los afiliados de la ANDI.
El Gobierno asegura que la renuncia fue una decisión autónoma del gremio.
Sí, Bruce renunció.
Pero lo hizo después de que la relación con el Gobierno se rompiera y en medio de una discusión interna sobre su continuidad.
Ahora la atención está sobre todo, en cómo se reorganiza el poder dentro de uno de los gremios empresariales más importantes del país.
Porque mientras todas las miradas están puestas en Abelardo y Bruce, hay otro apellido que vale la pena seguir de cerca:
Gilinski.
¿Casualidad? Veremos.
Ayer comenzaron a desmontar las letras del Movistar Arena y obviamente la primera pregunta es: ¿qué pasó?
Pues hay varias cosas que aclarar.
La primera: Movistar nunca fue dueño del Arena.
Movistar pagaba por los naming rights, que en español sencillo significa pagar para que el escenario llevara su nombre.
Por eso durante ocho años todos dijimos “voy al Movistar Arena”, aunque Movistar realmente no fuera dueño del lugar.
Ese acuerdo terminó y por eso están quitando las letras.
¿Quién va a poner ahora su nombre ahí? Todavía no se sabe. BeatHub abrió una convocatoria para buscar una nueva marca y hay empresas de telecomunicaciones, banca y servicios interesadas. El nuevo nombre se conocería a comienzos de 2027.
Ahora, ¿esto tiene que ver con todo lo que pasó con Movistar este año?
Hay que separar las cosas.
Telefónica vendió Movistar Colombia a Millicom, la misma compañía detrás de Tigo.
Pero Movistar no desapareció de Colombia. Por ahora, Tigo y Movistar siguen funcionando con sus respectivas marcas y atendiendo a sus clientes por separado.
Lo que sí terminó es el acuerdo para que el Arena llevara el nombre de Movistar.
BeatHub compró el 50 % que todavía tenía la chilena BeLive Entertainment Group y quedó con el 100 % de Colombiana de Escenarios, que es la sociedad que opera y administra el Arena.
¿Eso quiere decir que BeatHub compró el Movistar Arena?
No.
El antiguo Coliseo El Campín era un escenario público que necesitaba una renovación.
En lugar de que Bogotá asumiera sola la inversión, se hizo una Asociación Público-Privada con Colombiana de Escenarios.
El contrato de concesión se pactó por 300 meses, es decir, 25 años, y el IDRD registra un valor contractual superior a los $70.580 millones.
Las obras comenzaron en 2017 y en 2018 abrió el escenario que conocemos hoy.
¿El resultado?
Ya superó los 6 millones de asistentes.
Más de 700 artistas nacionales e internacionales han pasado por allí.
Solo en 2025 recibió más de un millón de personas en 168 eventos y, según cifras del propio Arena, su operación aportó más de $500.000 millones a la economía del país durante ese año.
Entonces, para poner en orden todo lo que está pasando:
Movistar Colombia cambió de dueño, pero la marca todavía existe.
Movistar dejó de pagar para que el Arena llevara su nombre.
BeatHub quedó con el 100 % de la empresa que opera el escenario, pero no compró el escenario público.
Y el antiguo Coliseo El Campín sigue bajo una concesión que se firmó por 25 años.
Lo único que todavía no sabemos es cómo vamos a terminar llamando al lugar en el que durante ocho años dijimos:
“Nos vemos en el Movistar Arena”.
Después de leer la comunicación de Presidencia, escuchar las declaraciones del exdirector del DANE y ver los titulares de lado y lado —unos de derecha y otros de izquierda, pero además ya sin pena— vengo a dejar por acá lo que yo percibo…
En la comunicación de Presidencia hay dos razones concretas para explicar la salida de Ricardo Valencia.
La primera: que habría hecho caso omiso de la Directiva Presidencial 001 sobre las comunicaciones de los funcionarios del Gobierno.
La segunda: que el exdirector afirmó que no había encontrado anomalías en los indicadores del DANE de julio, cifras producidas durante el último mes del gobierno anterior.
Pero aquí viene el pedazo que, por alguna razón, casi nadie está leyendo:
Presidencia no cuestiona la afirmación, lo que cuestiona es que se hubiera hecho “sin que previamente se hubieran adelantado auditorías profundas”.
Y entonces yo quisiera entender de dónde salieron titulares y afirmaciones como: “lo estaban obligando a decir mentiras”, “lo echaron por decir la verdad”, “querían que dijera que el Gobierno Petro maquilló las cifras” o “lo sacaron por respaldar las cifras del gobierno anterior”.
¿En dónde dice eso?
Porque, por lo menos en los documentos oficiales y en las declaraciones públicas que he revisado, NADA de eso es lo que se ha explicado.
La desinformación está pasada.
Lo que sí podemos leer en la comunicación de Presidencia es otra cosa: 1) había unas directrices de protocolo de comunicación que se debía seguir y 2) no se puede afirmar que todo está bien cuando todavía se estaban adelantando revisiones y auditorías.
En otras palabras: espere a que terminemos de revisar y después sí salga a decir qué encontraron.
El propio Ricardo Valencia aseguró que nunca recibió información sobre alguna inconformidad de Presidencia. Pero también explicó que él no estaba diciendo que hubiera realizado una auditoría exhaustiva que permitiera certificar que absolutamente todo estaba perfecto. Incluso habló de la necesidad de conformar una comisión de expertos para hacer una revisión profunda del cálculo de los datos del mercado laboral.
Entonces, para mí, acá vuelve a aparecer un tema de comunicación y coordinación.
La vocera que era vocera, manejando comunicaciones para después dejar de ser la vocera.
La ministra de Minas hablando de posibles aumentos en las tarifas mientras el presidente dice que harán todo lo posible para evitar que suban.
El ministro de Agricultura diciendo que ya no se les debe decir “campesinos” a los campesinos mientras el presidente utiliza la palabra “campesino” una y otra vez en sus alocuciones.
Y ahora el director del DANE dando explicaciones en un contexto que, según Presidencia, no estaba coordinado y haciendo afirmaciones sobre unas cifras mientras todavía se adelantaban revisiones.
No sé hasta qué punto un Gobierno puede sostener una estrategia de centralizar o controlar tanto su comunicación, porque cuando cada funcionario termina diciendo una cosa diferente, lo que recibe el ciudadano no es coordinación: son contradicciones.
Pero una cosa es el manejo de las comunicaciones del Gobierno y otra MUY distinta es la independencia técnica del DANE. Y ahí sí hay que separar las discusiones.
La Ley 2335 de 2023 establece que los productores de estadísticas oficiales deben decidir de manera independiente y libres de presiones o injerencias políticas sobre la elaboración, producción y difusión de las estadísticas. La norma incluye incluso la calendarización y el contenido de las formas de divulgación.
Y sobre esto el propio Valencia aseguró que los datos continúan publicándose en las fechas y horarios establecidos.
Ahora, ¿quienes llevamos años dedicados a entender, explicar e informar la economía de este país necesitamos las ruedas de prensa del DANE?
¡Por supuesto que sí!
Una base de datos publicada a una hora determinada no reemplaza la posibilidad de preguntarle al equipo técnico qué pasó, por qué pasó, dónde están los cambios, qué explica una variación o qué debemos mirar con cuidado. Y creo que sería un error perder esos espacios.
Pero de ahí a afirmar que “echaron al director porque se negó a decir que Petro manipuló las cifras”, o que “lo sacaron porque se negó a mentir”, hay un salto enorme que, hasta ahora, no está respaldado por lo que dicen ni el comunicado oficial ni las declaraciones del propio exdirector.
Si aparecen pruebas de una intervención política sobre las cifras, habrá que denunciarlas con la misma contundencia.
Pero mientras tanto, una cosa es lo que pasó, otra lo que cada sector político quiere interpretar que pasó y otra, muy distinta, lo que realmente podemos demostrar.
Y si estamos defendiendo la independencia y el rigor de los datos, empecemos por aplicarle ese mismo rigor a la información que compartimos. @DANE_Colombia @infopresidencia @jrestrp @ABDELAESPRIELLA @rvalencia123
Ayyyyy noooooooo, ¡qué tristeza tan profunda! El doctor Mejía me acogió, me enseñó, me guió. Fue un dirigente gremial que fue mi profesor y, hasta el día de hoy, siempre me daba ánimo y se preocupaba por cómo estaba yo. 😭😭😭😭😭
Se fue uno de los lideres gremiales mas importantes que tuvo Colombia. Mi sentido pésame a los familiares y amigos de Rafael Mejía. semana.com/economia/macroeco…
Escuchen esto 👇🏼👇🏼👇🏼👇🏼👇🏼
Ayer en @SenadoComisionV puse sobre la mesa varias verdades sobre el sistema eléctrico colombiano que vale la pena entender antes de que el problema nos llegue a la factura… o al interruptor.
Mostré la desfinanciación que hoy enfrenta el sistema y por qué ese hueco puede terminar comprometiendo la confiabilidad energética del país y aumentando el riesgo de un apagón.
También aclaré algo que se ha repetido mucho: el cargo por confiabilidad no es una plata que alguien simplemente pueda “robarse”. Expliqué cómo funciona, para qué se paga y por qué es importante hablar de este tema con precisión.
Además, revisé qué pasó con las promesas del Gobierno anterior frente a la sostenibilidad y confiabilidad del sistema eléctrico y qué quedó realmente después de cuatro años.
Y sí: Colombia necesita garantizar su propia seguridad energética, pero eso no significa cerrarle la puerta al intercambio comercial de energía con Ecuador. Ese intercambio es necesario y hace parte del funcionamiento del sistema.
En este video explico los cuatro puntos, sin enredos y con datos.
Agradezco al @ABDELAESPRIELLA @jrestrp @mn_arboleda @miguel_gomez_m @fabio_arjona @Juan_EspinalR @MIgueBarretoC @GonzaloBaute @DidierLobo_Ch @OscarVillamiz @UtlJohn
Sol Suárez Jaramillo retweeted
Así será el radical cambio en la entrega de medicamentos en Colombia con nuevas órdenes del gobierno De la Espriella
valtk.co/9b10f
Hay cosas que también importan en la forma de gobernar: recuperar la solemnidad del cargo presidencial, el respeto por las instituciones y espacios como los Consejos de Ministros.
Más allá de quién ocupe la Presidencia, cuidar las formas también es cuidar la institucionalidad.
Ojalá no volvamos a perder eso. 🇨🇴
Sol Suárez Jaramillo retweeted
Ahora sí: se los dije.
Esta es la explicación detrás de la dichosa frase: “van a subir las tarifas de energía y gas”.
Escuchen bien, porque lo que se está alertando es que va a subir es el precio en la bolsa de energía… y de ahí para abajo ya sabemos quién termina pagando.
Si quieren entenderlo completo, vayan a mi trino anterior sobre tarifas, porque ahí está explicado el caminito completo: bolsa, contratos, generación, gas… y bolsillo. @MinEnergiaCo @mn_arboleda @SenadoGovCo @Juan_EspinalR
Ahora sí: se los dije.
Esta es la explicación detrás de la dichosa frase: “van a subir las tarifas de energía y gas”.
Escuchen bien, porque lo que se está alertando es que va a subir es el precio en la bolsa de energía… y de ahí para abajo ya sabemos quién termina pagando.
Si quieren entenderlo completo, vayan a mi trino anterior sobre tarifas, porque ahí está explicado el caminito completo: bolsa, contratos, generación, gas… y bolsillo. @MinEnergiaCo @mn_arboleda @SenadoGovCo @Juan_EspinalR
Sigamos hablando de energía.
El Fenomeno del Niño:
No es solo calor.
No es solo menos lluvia.
No es solo ver embalses bajando.
El Niño es un fenómeno climático que puede terminar convertido en un problema económico.
Según ANIF, los modelos climáticos anticipan un fenómeno de El Niño fuerte, incluso uno de los más fuertes de los últimos 30 años. Y los episodios fuertes suelen durar, en promedio, cerca de 18 meses.
El IDEAM también viene advirtiendo que las condiciones de El Niño se han fortalecido y que existe una alta probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte entre finales de 2026 e inicios de 2027.
Ahora, pongámoslo en sencillo.
Colombia genera buena parte de su energía con agua.
Si llueve menos, hay menos agua en los embalses.
Si hay menos agua, las hidroeléctricas tienen que cuidar ese recurso.
Si las hidroeléctricas generan menos, el país necesita más respaldo térmico.
Y si el sistema se aprieta, la energía en bolsa puede encarecerse.
Pero insisto: eso no quiere decir que la tarifa suba porque “prendieron las térmicas”.
La presión sobre el recibo aparece cuando algunos agentes no tienen suficiente energía contratada a largo plazo y deben salir a comprar más caro en la bolsa.
Ahí es donde el problema puede terminar llegando al usuario.
ANIF advierte que los embalses no están vacíos, pero tampoco están donde deberían estar para enfrentar tranquilos un fenómeno de El Niño.
Es decir hay agua, sí. Pero no la suficiente frente a la meta que debería tener el sistema para estar más protegido.
Y hay una región que debe mirarse con especial cuidado: el Caribe.
Según ANIF, la alta demanda de energía del Caribe amplifica su exposición al choque. En palabras sencillas: donde hay más calor, más consumo y más presión sobre el sistema, el golpe puede sentirse más duro.
Pero la energía no es el único frente.
También está la comida.
Cuando hay sequía, los cultivos sufren. Y cuando los cultivos producen menos, varios alimentos pueden empezar a subir.
ANIF señala que los alimentos perecederos son los más sensibles: papa, plátano, yuca, frutas, verduras, leche, carne, pescado, zanahoria y otros productos que hacen parte del mercado diario.
Y este dato es clave: alimentos y energía representan cerca del 19 % de la canasta de consumo de los hogares.
Es decir, casi una quinta parte de lo que compra una familia puede quedar expuesta al golpe de El Niño.
Por eso este tema no se queda en los embalses.
Termina en el recibo de la luz.
Termina en el mercado.
Termina en el bolsillo.
De hecho, ANIF recuerda que durante el fenómeno de El Niño más reciente los alimentos aumentaron 9,9 % más que el nivel general de precios.
Y ahí aparece otro problema: la inflación.
Colombia ya venía con presión. En agosto, la inflación anual llegó a 6,24 %, por encima de lo que esperaba el mercado y todavía lejos del rango meta del Banco de la República.
Además, ANIF publicó que los alimentos ya vienen acelerándose y que entran relativamente altos a los próximos meses, justo cuando el efecto de un Niño fuerte podría presionar más los precios.
Entonces, si alimentos y energía presionan la inflación, el Banco de la República tiene menos espacio para bajar tasas.
Y si las tasas bajan más lento, el crédito sigue caro.
Eso lo siente quien quiere comprar vivienda.
Quien tiene tarjeta de crédito.
Quien necesita financiar un negocio.
Quien paga un préstamo.
Quien espera que la economía vuelva a respirar.
Es decir, El Niño puede afectar crecimiento, reservas hídricas, inflación y tasas de interés.
Y no llega a una economía sobrada.
Corficolombiana muestra que Colombia ha perdido cerca de 10 puntos en el peso de la inversión dentro del PIB durante la última década. En sencillo: estamos invirtiendo menos de lo que deberíamos para crecer de forma sostenida.
Entonces, para decirlo fácil:
El Niño no solo seca embalses.
Puede presionar la energía en bolsa.
Puede encarecer alimentos.
Puede golpear el poder de compra.
Puede dificultar que baje la inflación.
Puede retrasar la bajada de tasas.
Y puede hacer más difícil que la economía crezca.
Entonces: ¿el país está preparado para que ese choque climático no termine convertido, otra vez, en un golpe al bolsillo de la gente? @ANIFCO @JoseILopez @corficolombiana @cesarapabon


















