La intimidad también es cuando te hablan de su infancia, de su familia, de las cosas que le duelen, de lo que más miedo le da.
A veces siento que no importa cuánto me estuerce, todo termina igual... como si mis mejores intenciones nunca fueran suficientes.
Me duele decepcionarme a mí mismo una y otra vez, porque aunque intento hacer las cosas bien, siempre parece que arruino todo. Y duele, duele mucho sentir que no puedo lograr ni siquiera lo que más deseo.
Mejorando para mí misma, porque solo yo sé cómo fui, cómo soy, cómo no seré jamás y a qué no pienso volver.
A veces no extrañas a la persona. Extrañas la versión de ti que existía cuando creías que todo iba a salir bien.
“El mayor regalo para una mujer que siempre ha tenido que resolverlo todo por sí sola es encontrar a un hombre que le demuestre, con hechos, que ya no tiene que cargar con todo sola.”
Dios, acepto tus planes pero perdóname por seguir llorando todos los días mientras trato de vivirlos.
La intimidad también es cuando te hablan de su infancia, de su familia, de las cosas que le duelen, de lo que más miedo le da.
Qué cómico que conozco personas que están en una relación, pero nunca suben una sola foto con su pareja en redes sociales.
Nadie habla de lo terapéutico que puede ser limpiar tu casa hasta sudar, darte un baño, secarte con una toalla limpia y acostarte en una sábana limpia. La limpieza es vida.
