Pinned Tweet
Te doy 18 años, un Aguilar, un Passarella y un descenso de ventaja y no me llegas al talón. Yo el más grande y vos un bostero de mierda.
Y hay algo más que no podemos perder de vista. La dirigencia sabía perfectamente dónde se estaba metiendo y cuáles serían las consecuencias. Hoy todo este conflicto corre el riesgo de convertirse en la coartada perfecta para esquivar las responsabilidades propias.
Porque una cosa es que el sistema te perjudique y otra muy distinta es que eso explique la decadencia futbolística de River. Quién se hace cargo de los años de improvisación, los planteles desbalanceados, los mercados mal ejecutados y un equipo que hace tiempo juega sin rumbo.
El libreto puede ser muy conveniente: poner al enemigo externo en el centro de la escena, alimentar la indignación del hincha y correr del debate lo verdaderamente grave.
Hay quienes piensan que contra las mafias hay que pararse de manos siempre. De acuerdo con el objetivo, no con el método.
Ponerte los guantes y salir a pelear contra un peso pesado en su propio territorio no es valentía ni amor por River. Es una irresponsabilidad.
Si aparece Mike Tyson, te putea y vos, con 70 kilos mojado, decidís ir a las piñas en nombre de tu amor propio, ¿qué esperás que pase? No hay épica, te va a destrozar. Él tiene la fuerza y el terreno de su lado.
Con River pasa lo mismo. Enfrentar a un sistema mafioso exige estrategia, inteligencia y construcción de poder. No alcanza con los gestos tribuneros, las declaraciones desafiantes o la indignación en redes.
No se trata de tener miedo a pelear. Se trata de no regalarle al adversario las condiciones para que te destruya.
A River no se lo defiende inmolándolo por orgullo. Se lo defiende construyendo las herramientas necesarias para dar la pelea y tener alguna posibilidad de ganarla.
Nos llegó la tormenta perfecta. Errores propios y un sistema que te empuja al abismo.
No soy termo. River llegó hasta acá por responsabilidad propia. Una dirigencia que cometió errores groseros, tomó decisiones equivocadas y dejó al club cada vez más expuesto. Puertas adentro, se hizo todo mal. Y tiene que hacerse cargo.
Pero una cosa no quita la otra. Que te volteen también existe y viene de hace rato. Podés jugar mal los clásicos y equivocarte, pero eso no justifica que te roben sistemáticamente. Siempre. Pasó en la final de Córdoba también y pasa en casi todos los partidos.
Ahí está la tormenta perfecta: una dirigencia que debilitó a River y una AFA que aprovecha esa debilidad para apretarlo todavía más.
Peleás contra tus propios errores, contra los arbitrajes y contra una estructura de poder que te quiere sin margen de reacción.
River se metió solo en este laberinto, pero hay quienes están haciendo todo lo posible para que no pueda salir.
Y esto, recién empieza.
Algunos interpretan por lo que escribo, que no haya que enfrentar a la AFA del mafioso de Tapia. Nada más alejado. Lo que digo es que para hacerlo hay que prepararse, construir poder y contar con las herramientas para dar la pelea.
No se puede ir a la guerra sin armamento.
Nos gobiernan en silencio y nos responden con risas.
¿Qué pretendemos lograr frente al aparato de Tapia con alguna declaración de micrófono o reaccionando por Twitter?
Nos dominan porque jugamos a ser prolijos frente a quienes manejan el fútbol argentino como un botín de guerra.
A una estructura de poder no se la enfrenta con declaraciones: se la enfrenta construyendo poder.
Lo que hizo la dirigencia hasta hoy deja en evidencia su falta de peso político. River, por dimensión e historia, debería liderar un cambio de fondo. El poder no se enfrenta con indignación. Se enfrenta con poder.
Mientras no entiendan eso, seguiremos siendo espectadores pasivos de nuestro propio vaciamiento institucional.
Que el fútbol argentino es una basura no lo vamos a descubrir ahora. Pero no había ninguna necesidad de meter a River en una guerra innecesaria y que no podemos librar solos, por
cuestiones personales de algunos dirigentes. Pusieron al club en la línea de fuego. Utilizaron a River para una pelea que no es nuestra y la terminamos pagando los hinchas.
Los dirigentes juegan sus batallas personales. River pone el cuerpo y el hincha paga la cuenta.
Se perdió antes de jugar, todos lo sabíamos. Te cagan una vez más. Y te cagan porque tenés dirigentes de décima.
Todo lo que se sospechaba que podía salir mal con Di Carlo, salió peor.
En menos de un año jugó tres clásicos y perdió los tres. Marcó un récord histórico de derrotas consecutivas, quedó afuera de la Libertadores 2026 por primera vez en años y seguramente de la próxima. Copa Argentina dando vergüenza y un papelón en la Sudamericana.
Regaló una final en Córdoba. Dilapidó cientos de millones de dólares. Se cargó dos DT, improvisó con uno que no lo es e hizo un desastre con la limpieza del plantel
No fue mala suerte. Fue una cadena de horrores que dejó al descubierto la falta de rumbo, conducción y proyecto futbolístico.
No da para más. Llamen a elecciones urgente. El daño puede ser irreparable.
A 40 años de la primera Libertadores de River. Qué sensación tan imborrable la de recordar una de las jornadas más felices de mi infancia como Riverplatense, y la nostalgia intacta de esa noche inolvidable de tantos fuertes abrazos y emociones con mi viejo en el Monumental.
Gen retweeted
Replying to @GenRiver
Ni Flamengo ni Palmeiras han tenido conducciones con sueños húmedos de organizar espectáculos musicales por encima de apuntar a ganar el torneo continental que es lo más importante para un club de fútbol. El problema es creerse otra cosa cuando lo que provocó todas las mejoras del club fue justamente ganas torneos internacionales. Lo demás es verso.
Miren que difícilmente encuentren a un tipo que los deteste más que yo. Pero recién ahora que boca amenaza con volver a ganar títulos, a muchos les agarró la desesperación.
Cuando River era un desastre, había que bancar. Los que anunciábamos la debacle dirigencial éramos unos impacientes, porque boca tampoco ganaba nada.
Pero ahora se les queman los papeles.
No les dolía ver la destrucción de River, la ven ahora que el rival muestra seriedad. Si te preocupa más la cargada, que la decadencia de tu propio club, perdiste el norte.
Esa noche nos eliminó Vélez, en uno de los robos más escandalosos que recuerde, cuando buscaron como sea anular el gol de Suárez. Escribí esto porque entendí todo. Con Brito, el fútbol había dejado de ser la prioridad.
Las obras, los negocios, la compra y venta permanente de jugadores. Una calesita de nombres donde lo importante parecía ser mover fichas, firmar contratos y cobrar comisiones. Mientras tanto, la gloria deportiva quedaba en segundo plano.
Hoy quedó expuesta la verdad: sin fútbol, River es una cáscara vacía.
Pero ya es tarde. Una vez más.
Miren que difícilmente encuentren a un tipo que los deteste más que yo. Pero recién ahora que boca amenaza con volver a ganar títulos, a muchos les agarró la desesperación.
Cuando River era un desastre, había que bancar. Los que anunciábamos la debacle dirigencial éramos unos impacientes, porque boca tampoco ganaba nada.
Pero ahora se les queman los papeles.
No les dolía ver la destrucción de River, la ven ahora que el rival muestra seriedad. Si te preocupa más la cargada, que la decadencia de tu propio club, perdiste el norte.
Veníamos de ganarles 5 cruces seguidos, incluidas dos finales, una de Libertadores. Nos volvíamos a cruzar en plena pandemia.
A menos de 24 horas del partido, River sufrió 15 casos de COVID. Los cuatro arqueros profesionales quedaron afuera.
Gallardo tuvo que recurrir a Leo Díaz, el quinto arquero, que ni siquiera había debutado en Reserva ni tenía contrato profesional.
Así y todo, con un equipo improvisado, lleno de juveniles y jugadores sin ritmo, con un rejunte, tuvieron que robarnos para llevarnos a penales. #GuardiaAlta
9 de diciembre de 1962. Época del delincuente de Armando.
Acá no nos robaron sólo un Superclásico: nos robaron un campeonato.
A falta de una fecha, llegábamos igualados en puntos. River tenía mejor diferencia de gol y el empate lo dejaba en una posición ideal para ser campeón.
A minutos del final, pasó esto. Roma se adelantó casi tres metros. Ante el reclamo de los jugadores de River para que se volviera a ejecutar, el cínico de Nai Foino, árbitro del partido, les respondió:
“Penal bien pateado es gol”.
Escandaloso por donde se lo mire. #GuardiaAlta
De acá al 1° de noviembre, este video hay que publicarlo todos los días en todas las cuentas de River.
Esto pasó el último clásico, en nuestra cancha. Imagen lo que nos espera en el chiquero. Históricamente siempre condicionaron de antes y nos robaron. No nos dejemos cagar más.

