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Replying to @GenRiver
Ni Flamengo ni Palmeiras han tenido conducciones con sueños húmedos de organizar espectáculos musicales por encima de apuntar a ganar el torneo continental que es lo más importante para un club de fútbol. El problema es creerse otra cosa cuando lo que provocó todas las mejoras del club fue justamente ganas torneos internacionales. Lo demás es verso.
Miren que difícilmente encuentren a un tipo que los deteste más que yo. Pero recién ahora que boca amenaza con volver a ganar títulos, a muchos les agarró la desesperación.
Cuando River era un desastre, había que bancar. Los que anunciábamos la debacle dirigencial éramos unos impacientes, porque boca tampoco ganaba nada.
Pero ahora se les queman los papeles.
No les dolía ver la destrucción de River, la ven ahora que el rival muestra seriedad. Si te preocupa más la cargada, que la decadencia de tu propio club, perdiste el norte.
De acá al 1° de noviembre, este video hay que publicarlo todos los días en todas las cuentas de River.
Esto pasó el último clásico, en nuestra cancha. Imagen lo que nos espera en el chiquero. Históricamente siempre condicionaron de antes y nos robaron. No nos dejemos cagar más.
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River atraviesa una crisis futbolística, pero detrás hay algo mucho más profundo.
No es solo un problema de fútbol, sino de visión institucional.
El ciclo de Gallardo se cumplió, está claro.
Pero no alcanza con que se vaya el DT, como tampoco alcanzó cuando se fue Demichelis.
Porque el verdadero mal está en otro lado.
River está podrido por dentro.
El tongo está por encima de todo, y el foco puesto en los nuevos restaurantes y las obras.
Y cuando la raíz está podrida, el árbol entero se resiente.
¿Alguien se preguntó cuál es el cuerpo técnico de Ponzio? No tiene un equipo de trabajo armado.
Van a terminar armando un híbrido con gente de Reserva.
Un DT no es solo espalda y liderazgo. Necesita un PF de confianza, ayudantes de campo y analista de video.
Quemar a otro referente sin una estructura propia detrás me parece una locura total.
Futbolísticamente River hace rato es un club a la deriva.
No hay plan. No hay proyecto. No hay una idea de qué equipo se quiere construir. Todo se resuelve sobre la marcha: se cambia el técnico, se desarma el plantel, llegan jugadores porque sí, se gastan millones y, seis meses después, se vuelve a empezar.
Lo más grave es que también se rompió lo que siempre distinguió, las inferiores. La identidad. Ese orgullo de saber que cuando las cosas iban mal, siempre aparecía un pibe para sostener la historia. Hoy ni eso se cuida.
Y cuando un club pierde su identidad, ya no alcanza con traer otro DT o hacer diez incorporaciones. Porque el problema no está en el banco de suplentes. Está mucho más arriba.
No sé ni para qué escribo esto. Capaz es simplemente una forma de descargarme. Porque hace tiempo dejé de creer que el próximo mercado de pases o el próximo entrenador vayan a cambiar algo.
Mi sensación es que River dejó de saber qué quiere ser. Y cuando un club pierde el rumbo, cada decisión lo aleja un poco más de sí mismo.
Y lo que más angustia no es el triste presente, es no poder imaginar un futuro mejor.
Muy bien buscados Beltrán y Borré, solo falta que se les abra el arco.
Excelente incorporación Arambarri, es cuestión de adaptación.
Bien llevados todos los pibes, se los pone de a poco.
Un lujo la venta de Freitas, ya había dado todo lo que tenía para dar.
Muy bien planificado todo
el cuerpo técnico.
Para tirar mierda, háganse de Boca.
[8/8] No se trata de renunciar al buen fútbol para ganar por penales. Se trata de que cuando nos lleven a ese lugar, River no sienta que dejó de ser River.
Hay algo que debemos plantear y poner en agenda.
¿Piensan como yo que en los penales hay algo más que azar y casualidad?
No estoy preparado. Creo que nadie lo está.
El domingo no termina solo un Mundial donde jugamos la final con todo lo que eso implica. Se termina una era.
La era en la que el mejor futbolista del planeta también fue el más humilde. En la que el número uno fue, además, un ejemplo de persona. En la que el hombre más famoso del mundo hablaba con tonada rosarina y llevaba la bandera argentina por cada rincón del planeta.
Messi nos hizo caminar con el pecho inflado. Nos hizo sentir que donde estuviera un argentino, había un motivo para sentirse orgulloso.
No estoy preparado para decirte adiós. Porque no se retira solo un futbolista. Se va el héroe que nos hizo creer que la grandeza podía convivir con la humildad.
Gracias por todo, Leo. Y perdón porque las palabras nunca van a alcanzar para despedirte.
Me tomé un día para no escribir en caliente.
Podría empezar por Coudet, a quien le queda enorme el banco de River. Pero no. Nuestro drama excede al más que mediocre DT que tenemos.
Apenas perdimos esa final que estaba ganada y que dolió en el alma, el presidente salió corriendo a vender humo: “mercado de pases agresivo”, “va a llegar jerarquía” y una limpieza profunda del plantel. Parecía que se venía una revolución. Pero no. Fue el manual completo de la sobreactuación dirigencial para calmar a la gente.
La realidad fue muy distinta. Apenas para variar, algo de falopa uruguaya, y para que nada cambie, dos ex a los que el tiempo ya les pasó factura.
Lo peor no fue eso. Lo único que consiguió la dirigencia con toda esa sarasa para los micrófonos fue tirarle un camión de tierra encima a su propio patrimonio.
Se exiliaron en una pretemporada en España con un plantel tan numeroso que con suerte alcanzaba para armar un fútbol 5. Estábamos como el orto y hoy estamos peor. Y un vestuario lleno de jugadores molestos por el destrato a compañeros que fueron tirados en un contenedor.
La foto de Acuña y Beltrán con ellos no fue casualidad. Fue un mensaje. Cuando hasta los referentes sienten la necesidad de respaldar públicamente a los colgados, algo muy profundo está mal.
Prometieron una revolución. Hasta ahora, lo único que revolucionaron fue el valor del propio plantel.
Y el semestre ya empezó con un papelón y una eliminación de una competencia antes de que la pelota empezara a rodar.
River necesita una renovación urgente. Política.
Hoy el problema con nombre y apellido se llama Eduardo Coudet, pero si la discusión no sube de escalón, el fondo del asunto no se soluciona nunca.
River no tiene un proyecto futbolístico, y cada ciclo que cada vez duran menos, deja esa carencia más al desnudo. Cada decisión o falta de decisión en los palcos, es el reflejo de la disociación absoluta que existe entre la gestión institucional y lo que pasa dentro de la cancha.





